A 10 años de la gloria eterna

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El 26 de junio de 2011 ascendía por primera vez a la B Nacional. Los secretos de un plantel de amigos, la canción de Abel Pintos que se convirtió en cábala y aquel último viaje de Tucumán a San Juan, con parada en la Difunta, para el ansiado reencuentro con los hinchas. Los héroes se confiesan.

“¡Hola goleador!”, le dice Matías Garrido a Emanuel Reinoso antes de fundirse en un abrazo eterno, como lo que vivieron hace diez años en el estadio de la Ciudadela. Hay charlas y sonrisas en la puerta del Serpentario, mientras va cayendo el resto: Mauricio Del Cero, Tomás Salinas y Cristian Pérez, algunos de los hombres protagonistas de un momento clave de Sportivo Desamparados. A paso lento, caminan hacia una de las tribunas. “Fuimos parte de lo más histórico que vivió la institución”, larga el delantero, mientras uno de sus excompañeros grita: “¡Conejitoo! El que se aproxima, acompañado de sus hijos, es Daniel Omar Díaz, otro de los héroes del 2011. Siguen los abrazos y las emociones se agigantan cuando viajan al pasado y recuerdan aquel ascenso a la B Nacional.

“En un primer momento el club solamente buscaba la clasificación a la siguiente fase, ese era el objetivo y se había logrado. Después no era sí o sí el ascenso. Eso se va dando a medida que vamos jugando. Mientras avanzamos, nos vamos convenciendo que podíamos llegar”, afirma Del Cero, el capitán que llegaba a Desamparados con una vasta experiencia en el ascenso.

Desamparados jugó un total de 46 partidos para alcanzar la gloria en el Federal A: ganó 18 encuentros, perdió 11 y empató 17. De los 51 goles que convirtió en aquella sufrida temporada, 11 los convirtió Reinoso. Después lo siguieron Cristian Pérez (7), Ariel Barth (5), Santiago Ceballos (5) y Garrido (5). En el medio, cuatro técnicos y jugadores que llegaron y se fueron.

“Nos pasamos meses arriba de un colectivo. Jugábamos domingos y miércoles. Prácticamente convivíamos. Encima los colectivos no eran tan cómodos, eran semicama, casi una combi”, agrega Mauricio, mientras del fondo de escucha “eran colectivos tirando a urbano”, frase que provoca una fuerte carcajada en todos.

Las risas y buena onda abundan en el encuentro que organizó Tiempo de San Juan. “Es un grupo de amigos, que seguimos siendo amigos. La amistad que conseguimos en Desamparados nos llevó a sobresalir y alcanzar el ascenso. No sé si jugábamos bien o mal, nosotros entrábamos a la cancha y sabíamos que no nos iban a ganar. Había mucho entusiasmo y contagio. Íbamos a entrenar felices, hasta cuando hacíamos doble turnos, porque vernos nos daba alegría”, señala Pérez.

Los muchachos coinciden en que la conexión que había entre los 25 futbolistas que integraban el plantel fue clave para llegar a la segunda categoría del fútbol argentino. Además de compartir mates en el vestuario, fuera del estadio eran comunes las gaseosas o sándwich en la esquina del club o asados entre partidos para descomprimir la tensión que los mismos generaban. “Fuera de la cancha siempre hubo una relación muy buena. Mauri (Del Cero) todo el tiempo pensaba en el rival y cómo jugarle. Había hambre de querer alcanzar algo inigualable como el ascenso. Y acá no importaba si había mayoría de sanjuaninos, todos éramos iguales. Todos éramos compañeros y amigos, un grupo muy unido”, agrega Salinas.

Una locura llamada Tucumán

Viajaron en avión y volvieron en colectivo con el ascenso en el bolsillo. Un poco más de 800 kilómetros son los que recorrieron los jugadores de Sportivo Desamparados para enfrentar a San Martín de Tucumán el 26 de junio de 2011. Ya habían ganado 1-0 en San Juan con gol de Lisandro Beratz pero, pese a lo favorable del resultado, tenían que medirse con el “Santo” tucumano que, ante sus más de 25 mil hinchas, buscaba quedarse en Primera.

“Gracias al esfuerzo del club pudimos viajar en avión. Allá tuvimos un par de problemas, pero la noche anterior pudimos dormir bien. Descansamos en un buen hotel, acorde a lo que nos jugábamos. Estábamos tranquilos, hasta nos metimos al sauna. Para nosotros era un día más, pese a lo que nos jugábamos”, apunta Del Cero.

El descenso de River ante Belgrano, partido que habían visto horas antes desde el hall del hotel, significaba una motivación extra. «Pensábamos que si River había descendido, podía pasar que nosotros ascendíamos. Fue un envión anímico, porque nos alimentaba la ilusión de ganarle a un grande del interior como Tucumán. Y fuimos a jugar el partido con mucha confianza», dice Garrido. 

Pero no fue nada sencillo el partido. Cristián Pérez reconoce que los hinchas y los jugadores de San Martín lo tenían en la mira por las declaraciones que había hecho a un diario de aquella provincia. «Yo dije que volvíamos a San Juan con el ascenso y cayó muy mal. Pero yo tenía esa sensación y no me equivoqué. Claro que todos me tenían marcado pero después del gol de Ema me pude descargar por todo lo que me decían en la cancha», cuenta el futbolista jachallero.

El gol de Reinoso llegó a los 20 minutos del segundo tiempo e instantáneamente provocó una locura no solo en Tucumán, banco de suplentes y grupo de privilegiados que había viajado para se testigos de un momento histórico. Sino también en San Juan, donde una gran porción de sanjuaninos empezaba a acariciar el ascenso. «Cuando vi que la pelota entró fue pura emoción, pero por todo lo que pasó. Siempre escuchaba que decían que ese era nuestro último partido y nosotros seguimos para adelante. Fue un momento único y un abrazo eterno con todos los chicos». 

San Martín pudo empatar con gol de Blanco, pero de nada sirvió. La gloria fue toda puyutana.

El festejo más largo de todos

«Suelo detenerme frente a un espejo, porque en el reflejo siempre estás ahí». La canción que Abel Pintos lanzó en 2010 se había convertido en un verdadero hit entre los jugadores de Desamparados, en medio de una campaña de 46 partidos y largos viajes. A diferencia de otros vestuarios, los muchachos preferían esos acordes románticos para descontracturar la tensión post paridos. Y la final no fue la excepción. La música empezó a sonar en el vestuario de La Ciudadela y no se detuvo hasta que llegaron a San Juan. 

También había rock y un poco de cumbia, reconocen. El viaje a la provincia era largo y, pese al cansancio que cargaban, no había forma de pegar un ojo. Mientras cantaban y festejaban, con algunas de las ventanillas rotas producto de los piedrazos que habían sufrido por los hinchas tucumanos, unos agarraban tinturas de colores y tijeras para cambiar un poco de look previo al recibiendo de los hinchas. Formaba parte del festejo. 

Antes de llegar a San Juan pasaron por la Difunta Correa y San Expedito, a quienes visitaban de pasada en cada viaje. En Vallecito, de hecho, ya esperaban los hinchas para la caravana hasta el barrio Patricias Sanjuaninas.

Después vino la autobomba, entrevistas, firma de autógrafos y todo lo que genera un ascenso. Para Desamparados fue un hito. Para los jugadores, hinchas, los cuatro técnicos que pasaron y dirigencia, también. «De los años que he jugado en mi club, la única camiseta que va a estar siempre en mi casa es la del ascenso. Creo que debería tener más de 20, pero regalé todo. No tengo más que esto del club, que tiene un valor único. Todo lo que vivimos para llegar a la B Nacional fue difícil, pero pudimos alcanzar el objetivo por el grupo de buenos jugadores y personas», cierra muy emocionado Díaz.

El plantel del ascenso

Diego Aguiar, Matín Sambor, Luis Mingolla, Mauricio Del Cero, Ariel Bartz, Lisandro Beratz, Omar Díaz, Francisco Fernández, Pablo Borches, Gerardo Corvalán, Hernán Lamberti, Augusto Alvarez, Martín Bidal, Emanuel Campos, Gerardo Corvalán, Matías Garrido, Miguel Guirado, Hernán Lamberte, Alfredo Silva, Tomás Salinas, Darío Rodríguez, Emanuel Reinoso, Cristian Pérez, Oscar Saenz, Santiago Ceballos, Sergio Fernández, Mariano Mc Coubrey y Joel Sánchez. Director técnico: Daniel Garay (en la primera parte estuvo Darío Tempesta, quien empezó a gestar el sueño puyutano, pero también pasaron por el equipo Edgardo Herrera y Alberto Naveda). 

Fuente: Tiempo de San Juan