Carli Jiménez anuncia el “Monaween” y revela los desafíos de UJ, su productora: “Nos queremos diversificar”

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Carli Jiménez se mueve con tranquilidad por los ambientes minimalistas de UJ, la productora que fundó en el pasado inmediato y que gana peso en el entretenimiento musical cordobés.

Diseñados en una nueva edificación de concreto y hierro de la Núñez, esos espacios atestiguaron la reconversión del hijo de Carlos “La Mona” Jiménez en un empresario arrojado y preciso. En un agente de nuestro show bizz que entendió que debía deconstruir el vértigo en el que su padre estaba subsumido para reposicionarlo con otro enfoque: trascender el tinglado del Sargento Cabral para llevarlo al plano transversal de un festival masivo.

“Mi viejo venía con el discurso ‘yo me voy a morir en un escenario’, que alentaba la idea de que algún día se iba a desvanecer en el Sargento Cabral. Y para mí era muy duro escucharlo decir eso”, dice Carli en contacto con VOS.

“Pero si lo desafiaba de una, no iba a lograr nada. Yo sabía que debía encararlo por otro lado. Decirle ‘Mirá, ya lo lograste todo esto en este formato, ¿qué pasa si te pongo otra meta,la de tener tu propio festival, de hacer eventos para 30.000 personas, hacer shows en estadios? Vos fuiste siempre un anfitrión de todos los artistas que venían a Córdoba. ¿Por qué no lo materializamos en un festival donde vengan todos a saludarte, que te rindan homenaje en vida?’”, amplía.

“Así lo fui convenciendo y llevándolo a este formato de menos esfuerzo físico con shows un poco más cuidados, más producidos”, remata como para darle un contexto a lo que fue la creación del festival Bum Bum, que al cabo se convirtió en insignia y plataforma para ir por más.

“Con UJ estamos arrancando la temporada primavera – verano con una cantidad de eventos que exceden los shows de La Mona”, señala.

“Queremos diversificar artísticamente a nuestros eventos masivos porque, en poco tiempo, ya hemos adquirido una gimnasia al trabajar con un número grandísimo de gente. Entonces, esto nos llevó al show de Ricky Martin y nos llevará a nuestro próximo evento, que es el que queremos posicionar. Es el de Halloween, pero que haremos con un planteo distinto”, precisa.

–¿Cuál será ese planteo?

–No será una noche de boliche, sino otras dos de festival. La cosa será así: el 28 de octubre presentaremos a María Becerra y a una banda más, cuyo nombre difundiremos dentro de poco; y el 27, a La Mona Jiménez, con el desafío que significa programar al personaje más popular argentino en una fiesta norteamericana.

Carli revela que la idea es “instituir Monaween”.

“Queremos nacionalizar Halloween mediante un festival de no tan creepy sino más para cosplayer enfocado en el disfrute de 60.000 personas –especifica–. Queremos que no se asusten unos a otros sino que le metan magia a su ornamentación, a su disfraz. Es otro gran desafío meter en la agenda cultural cordobesa a un nuevo festival”.

A continuación, el productor cuenta que vendrán representantes de Record Guinness a validar que Monaween será la noche de disfraces de Halloween más grande del mundo. “Porque ya hay una para 17.000 personas”, informa.

“Y si bien estamos en la búsqueda de llevar el Bum Bum a otras latitudes, creo que el Monaween será más exportable”, despacha.

–Mirá vos. Pensar que el Bum Bum era tu marca insignia…

–Pero es así. Lo hemos analizado y no hay un festival que tenga Halloween como temática y con un programa artístico fuerte. El Bum Bum nos abrió todo y nos puso la vara muy alta.

–Esta nueva iniciativa vuelve a dejar en claro que UJ quiere jugar a la par de las otras productoras de Córdoba ¿Ese es el propósito o buscan recorrer un camino alternativo?

–Cuando arrancamos con UJ lo hicimos con varios frentes abiertos. El Bum Bum, el sello, el Museo Bar (el único en la ciudad con cena show de lunes a lunes)… Y ahora hemos adquirido algunas otras marcas de gastronomía como Black Pan, además de que tenemos un proyectito muy lindo de medio de streaming propio que se concretará a fin de año. Entonces, no sé si somos competencia porque somos distintos. No sé si quiero tener el festival de música más importante de la Argentina o un restaurante gourmet que sea reconocido con estrellas Michelin.

–¿Qué buscás, entonces?

–Una experiencia mejorada en materia de shows. Quiero que la gente venga a Córdoba y arranque su jornada desayunando en el Museo para que luego a las cuatro de la tarde haga su fila para ir a una edición del Bum Bum. Que pase un fin de semana disfrutando de las actividades que le podemos brindar en materia de entretenimiento. Esa es la búsqueda.

CARLI JIMÉNEZ, PARA ADELANTE SIN IMPORTAR EL QUÉ DIRÁN
–Todo esto se disparó a partir de la obra y de la figura de tu papá. ¿Sentís que los cuarteteros te miran con recelo?

–Lo fueron entendiendo a este proceso. Fueron escépticos al comienzo. Días atrás “La Pepa” (Javier Brizuela, cantante de La Barra) me confesó que creyó algo así como que yo iba a dañar la carrera de mi viejo. Pero después destacó la dimensión de todo lo que hicimos. La verdad es que no me importó el qué dirán. Fui con un objetivo claro y traté de no desviarme del camino. En el camino hubo volantazos, claro.

–Tales como…

–Tratamos de conseguir el Sargento Cabral, que era una materia… No sé si pendiente, pero que al público le hubiera gustado muchísimo tener. Mi viejo ya había cumplido una etapa ahí, y para la productora no representaba algo desafiante después de organizar festivales para 30.000 o 60.000 personas.

–El Sargento Cabral es el templo para una liturgia única.

–Claro. Y por eso intentamos algo que, finalmente, no se pudo lograr por una cuestión de limitaciones. Igual, siempre tratamos de darle a la gente lo que nos pide. Ricky Martin tuvo que ver con eso y ahora María Becerra también.

–¿Es muy difícil conseguir la atención de artistas de semejante alcance cuando se trata de una productora nueva?

–Mirá, cuando vos mandas un mail con todo el desarrollo de los últimos meses, y demostrás que hiciste cuatro o cinco eventos al año para 60.000 personas a partir de un artista relevante, se abren todas las puertas. Ya no importa cuántos años tenés en el rubro. Además, en la productora tenemos a gente muy capaz. El gran mérito que me puedo adjudicar es el de haber formado un equipo interdisciplinario que la rompe, con el cual salgo a conquistar un montón de cosas por la seguridad que me ofrece. Cuando mandás una propuesta y te preguntan quiénes te respaldan, yo puedo decir que están Pía Arrigoni en producción general y Uriel Ferrari en la producción técnica.

–Antes de tu conversión en productor tenías una carrera artística. ¿Qué pasó con esa vibra?

–Pasé por un montón de etapas en esa carrera artística. Me reencontré con un montón de cosas, luché siendo el hijo de La Mona con un público completamente celoso de su artista. Al principio, fue durísimo compartir escenario con él. Después, por suerte, empecé a pasarla mejor con la gente. Pero la noche me empezó a pasar factura. Estuve cinco años sin tomar una gota de alcohol y desintoxicándome de todo. Y cuando llegó la pandemia en medio de este proceso, no quise volver a subirme a un bondi para pasar cuatro días de aquí para allá. Porque literalmente hacía eso cuando tenía mi banda, salía los jueves y volvía los lunes. Por otro lado, todo ese afán artístico por el cual yo había empezado se fue transformando en un trabajo. Así, al pensar en que para retomar tenía que volver a someter mi cuerpo y mi estado médico a esta rutina, dije “no, no quiero más”.

Carlos «La Mona» Jiménez
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–También lograste bajarle las revoluciones a tu papá. Ahora bien, ¿él descansa en vos o te exige al límite de que puede haber roces?

–Todos los días hay roces. Mi vieja (Juana Delseri) y mi viejo han creado una marca y un legado tan fuerte de los que me convertí en protector. Pero como son los creadores, me ponen a prueba todos los días a pesar de que soy su hijo. Porque no es “Tomá y manejá vos y me decís cuándo tengo que cantar”. Son partícipes y lo van a seguir siendo toda la vida. No están jubilados para nada y, cada tanto, me toca agachar la cabeza. Ellos tienen un fervor y una energía que nunca les pediría que abandonen.

–En esta expansión empresarial, y en esta visión de negocio que tenés en relación al entretenimiento musical, ¿fantaseaste con manejar el Orfeo? Y de paso, ¿cuál es tu rol en ese proyecto llamado Infinito Open?

–Primero te respondo la segunda pregunta. Con respecto a ese proyecto faraónico, te digo que lo celebro, que me parece increíble que aparezcan tipos con una cabeza y un emprendedurismo como los dos Cristian que están al frente. Desde el minuto uno me puse a disposición para brindar todo nuestro know how. Hoy, las habilitaciones en Córdoba te exigen ciertas medidas que debés tener en cuenta en el momento de diseñar un lugar así. Porque, por ahí, todo se termina desarrollando arquitectónicamente porque es más bonito, pero después no es funcional. Entonces, desde lo comercial te puedo indicar cuáles son las cosas que más van a favorecer al proyecto. Por el momento, ese es mi rol. No soy inversor, no soy socio.

–Vamos al Orfeo…

–Le propusimos comprar el Orfeo a “Tati” (el empresario Euclides Bugliotti) y se negó. Él está cansado de renegar con el mundo del entretenimiento. Se dio cuenta de que no es una persona de ese universo. Por otro lado, no considera oportuno que el Orfeo funcione frente al Dino Mall, su proyecto central, el que le da más rédito. No lo ve, no tiene ganas de ver cómo el movimiento de autos y de gente genera liquidez para terceros y no para él. Cada día de show en el Orfeo, es un día de venta que pierde el supermercado. Lo concreto es que perdimos un arena y que tener uno propio no baja de 40 millones de dólares.

–¿Es rentable?

–En la Argentina en la que estamos, difícil. ¿Cuándo recuperás esa plata? Y cualquier inversor tiene 200 proyectos más rentables que ése. Así las cosas, nuestro arena es el Kempes… Y ni siquiera estamos utilizando el campo de juego, una materia pendiente de análisis para el nuevo gobernador.

(Fuente: La Voz)