Ante la ausencia de una estrategia electoral común, los diferentes espacios del Frente de Todos descentralizan la campaña

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Máximo Kirchner
(Frente de Todos)

En el Frente de Todos una mirada es unánime: para mejorar el resultado de las PASO en los comicios generales, el Gobierno debe incrementar la capacidad adquisitiva de los votantes, exhibir más gestión y brindar más libertad de movimiento en la pandemia. Lo que aún no fue dirimido y es motivo de debate en el oficialismo es el modo de hacer política el formato de la campaña para tratar de capitalizar esas medidas, en especial en el territorio bonaerense.

Después de la pelea interna post-derrota en las PASO, que terminó en rotundos cambios en el Gabinete a partir de la presión del kirchnerismo, Alberto Fernández definió bajar perfil en la campaña, dedicarse a realizar bajadas puntuales al territorio -una por día-, sin previo aviso, sin militancia, y sobre todo, sin discursos. “La idea es escuchar”, repiten en la Casa Rosada hace varios días.

La imagen que intenta proyectar el jefe de Gabinete, Juan Manzur, es similar, aunque orientada principalmente a la gestión. Sus presentaciones en público, hasta ahora, se limitaron a los actos formales, protocolares, vinculados a la administración. En el Gobierno proyectan que esa línea continúe, por tiempo indeterminado.

El ministro coordinador seguirá encabezando varias reuniones palaciegas por día para poner en marcha medidas de corte económico, social y de seguridad orientadas a la provincia de Buenos Aires, pero también al interior, para apuntalar las gestiones de los gobernadores. Su designación fue en buena parte para contentar a los jefes provinciales dek PJ que se sentían relegados, y obtener apoyos para la herida administración central nacional.

Mientras tanto, en la gobernación bonaerense, donde Axel Kicillof resultó golpeado en las urnas y debió hacer cambios en su Gabinete, también se definió adoptar un estilo de campaña minimalista, sin grandes actos, y con muchas reuniones políticas, principalmente encabezadas por su nuevo ministro coordinador, Martín Insaurralde.

El Frente Renovador de Sergio Massa, “tercera pata” de la coalición, maneja el mismo concepto. El presidente de la Cámara de Diputados ordenó a sus filas que el foco de la campaña se ponga exclusivamente en la gestión legislativa, y que se deje de lado cualquier arenga militante. Esa línea, establecida la semana pasada, sigue en pie.

Hebe de Bonafini
Hebe de Bonafini

A contramano de esos lineamientos, La Cámpora buscará diferenciarse sobre el modo de encarar la campaña, según detallaron fuentes de la organización. Una primera muestra tuvo lugar al final de esta semana, en Ensenada, donde Máximo Kirchner encabezó un acto junto al ministro de Desarrollo Comunitario bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque. Allí convivieron la primera candidata a diputada nacional, Victoria Tolosa Paz, y el ministro de Desarrollo Social nacional afín a Alberto Fernández, Juan Zabaleta, y la titular de Madres, Hebe de Bonafini, que participó con una bandera que rezaba “Cristina conducción”. El evento tuvo todos los condimentos de la militancia kirchnerista, mientras los dirigentes que estuvieron presentes utilizaron en las redes otra marca histórica del kirchnerismo: “La patria es el otro”. No hubo señales, ni en el acto, ni en Twitter, del slogan de la campaña para las PASO, “La vida que queremos”.

“Los milagros se construyen, la militancia se organiza, trabaja, avanza y articula. Trabajemos por una militancia que hará mejorar las condiciones de vida y que hará que surjan los dirigentes que en el futuro representarán a nuestro pueblo. Les pido que la inspiración nos encuentres trabajando, porque nada sucederá porque sí”, dijo Máximo Kirchner.

El acto se diferencia de la acción de campaña que protagonizó Alberto Fernández en la misma localidad el día previo. El Presidente había estado en casa de vecinos en Punta Lara, un barrio humilde de Ensenada, según se pudo ver en un video que difundieron desde prensa de la Casa Rosada. La estética, que recordó a los famosos timbreos de Juntos por el Cambio, fue similar a las actividades proselitistas de “cercanía” que viene protagonizando el primer mandatario en los últimos diez días en otras localidades bonaerenses, como Pilar, Avellaneda, y Lanús.

La última vez que Alberto Fernández tomó el micrófono en un acto de las características que se propone seguir La Cámpora fue hace dos semanas, en José C. Paz. Después, en el Gobierno dijeron a Infobae que se había tratado de un evento puntual, para retomar iniciativa, y relativizaron su participación en la organización. Atribuyeron el formato del acto exclusivamente al anfitrión, el intendente Mario Ishii. “Fuimos como invitados”, dijeron.

Alberto Fernández recién volvió a hablar en público el jueves pasado, desde el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, frente a un puñado de funcionarios, gobernadores, dirigentes gremiales y agropecuarios. En esa ocasión también reapareció Cristina Kirchner, para mostrar unidad en medio de las desavenencias. Aunque evitó tomar la palabra, la Vicepresidenta dio una señal de que el Frente de Todos se mantiene unido para ganar las elecciones y, probablemente, de cara a los dos años de gestión que restan antes de las presidenciales. De todas formas, el conflicto de fondo se mantiene vigente.

La Cámpora considera que los encuentros íntimos o de pura gestión deben ser líneas rectoras para el Presidente y su entorno. Pero están lejos de avalar las recorridas “íntimas” y la “escucha” en silencio como un camino generalizado para mejorar la performance en las elecciones generales. “La idea de escuchar a la gente siempre fue para Alberto, porque era una máquina de cometer errores. Si tenemos chances es con él en modo oyente”, dijo un funcionario camporista.

Máximo Kirchner
(Frente de Todos)

Aunque los dirigentes kirchneristas realizan encuentros cercanos con vecinos, decidieron que no dejarán de lado los actos folklóricos. “Nosotros hacemos recorridas, hablamos con la gente. Pero los actos van a seguir. Hay que ganar la calle con el estilo de la militancia. Estamos entrando en un proceso largo de mucha movilización social”, dijeron.

En los lineamientos que establece Máximo Kirchner no solo se juega una idea de cómo hacer campaña, sino una muestra de poder en la pelea con las organizaciones sociales sobre el modo de impartir las ayudas a los sectores postergados. El conflicto histórico con el Movimiento Evita, señalaron, se mantiene latente. Y explica, en parte, la alianza entre La Cámpora y algunos intendentes bonaerenses, como Martín Insaurralde (Lomas de Zamora).

En la Provincia se desvincularon del acto en Ensenada. “La línea sigue igual. Lo del viernes fue un plenario de la militancia. Esas cosas van a suceder”, dijo un funcionario bonaerense. Mientras tanto, ayer, el colectivo de intelectuales a Alberto Fernández, Agenda Argentina, definió en un plenario avanzar en “la territorializacion de la campaña en las universidades”, en especial en el interior, con “la idea de trabajo, producción y futuro”. “La idea es escuchar, sin paneles ni exposiciones”, dijeron fuentes del espacio, en sintonía con la estrategia del Presidente.

Diferencias y giros

Ensenada es una de los municipios que integra la Tercera Sección, el área más poblada del conurbano, aunque compite, en cantidad de habitantes, con la Primera, donde hace pie principalmente Massa. En esas dos zonas del sur y el noroeste del Gran Buenos Aires el Frente de Todos pondrá los mayores esfuerzos para mejorar la elección contra Juntos por el Cambio. Aunque con formatos de campaña completamente distintos, Máximo Kirchner y Alberto Fernández decidieron privilegiar esa zona.

Los motivos sobran. En las PASO ganaron en la Tercera, pero tuvieron una marcada merma con respecto a las Legislativas de 2017 y las Presidenciales de 2019. El plan para intentar revertir el escenario de las Primarias es convencer a los ciudadanos que no fueron a votar en septiembre de que acudan a las urnas en noviembre.

La decisión obedece a una serie de análisis en profundidad que el oficialismo llevó a cabo en las últimas dos semanas, a través de los cuales llegaron a la conclusión de que muchos de los ciudadanos que los habían apoyado en las dos elecciones pasadas no fueron a votar porque creyeron que no era necesario debido a que el oficialismo competía con una lista de unidad. También lo atribuyeron al mal clima, y al temor al contagio de coronavirus, además de la apatía por la grave situación económica que, más allá de las afinidades política, afecta la vida diaria.

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Alberto Fernández en José C. Paz, hace dos semanas, en el último acto militante

En parte por este motivo, el Gobierno aceleró la baja de restricciones a las reuniones, al uso de barbijo, habilitó el público en las canchas, los boliches y los viajes, y el acceso al país del turismo extranjero. Al dar una sensación de normalidad -que permite la situación sanitaria con la baja de casos y de la mortalidad- no solo buscan mejorar el humor social, sino también eliminar lo más posible los desincentivos para la participación electoral el 14 de noviembre.

La campaña se perfila ambigua, con formas diferentes de encarama según el espacio del oficiakismo. “El tema de los actos está en debate”, admitió un funcionario afín al kirchnerismo pero de buena relación con el albertismo. Después del cimbronazo interno, la regla serán las variaciones. “La política argentina es muy dinámica, es difícil asegurar algo”, agregó el vocero de un importante dirigente camporista.

Quizá con esa lógica pueda entenderse el hecho de que el Presidente haya decidido participar como orador en dos actos políticos masivos; uno organizado por el Movimiento Evita, para el 15 de octubre; y otro junto a la CGT, por el Día de la Lealtad, el 17. Ambos a contramano de todos los lineamientos que se vienen marcando con respecto al rol de Alberto Fernández. Detrás de los giros y diferencias en la estrategia para la campaña se juegan los equilibrios y las disputas de poder en una coalición que pareció a punto de romperse hace solo dos semanas y que busca mantenerse unida a pesar de todo.

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