El regreso de Jorge Altamira a las elecciones: “Ésta probablemente sea la etapa más rica de mi vida”

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Retratos de Jorge Altamira . Izquierda . Política Obrera
Jorge Altamira, el histórico dirigente trotkista, vuelve a presentarse a elecciones con Política Obrera, una lista separada del Frente de Izquierda (Foto: Adrián Escándar) (Adrian Escandar/)

Después de seis años de ausencia en el cuarto oscuro, la boleta de Jorge Altamira volverá a estar en las PASO del próximo 12 de septiembre. Será un regreso oficial como precandidato a diputado nacional, después de la ruptura (o ”expulsión”, según él define) del Partido Obrero en 2019 y la derrota contra Nicolás del Caño en los comicios presidenciales de 2015 en el marco del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT-Unidad). Esta vez, la prueba política será sin una alianza detrás.

“Política Obrera”, la rebautizada organización política que lidera el histórico dirigente trotkista, tendrá como desafío superar el umbral del 1,5% de los votos de las primarias obligatorias en los seis distritos a los que se presenta. El interés estará puesto sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde las boletas están ilustradas con su rostro; y en la Ciudad de Buenos Aires con la lista del economista Marcelo Ramal.

A pesar de los reveses, Altamira sigue activo. Con sus 79 años, en ocasiones se lo ve repartiendo volantes. Ante cualquier insinuación de jubilarse de la lucha política, o abrir paso a un recambio generacional, responde con firmeza: “Soy parte de una tendencia que se fundó en 1963. Probablemente esta sea la etapa más rica de mi vida. No voy a permitir que naufraguen esos 58 años”.

En una larga entrevista con Infobae, Jorge Altamira evaluó de manera crítica el derrotero de las fuerzas de izquierda -”está acomodada, integrada” al sistema, asegura- y reformula su propuesta política ante la situación de “explosiva” que atraviesa el país y el escepticismo de la población. “Nosotros planteamos una solución para los salarios y la desocupación que choca con el régimen político”, advierte en caso de ser elegido para el Congreso.

– ¿Cómo atravesó la pandemia?

– Durante ese tiempo hice una actividad física muy buena, tuve mucho trabajo como periodista político, como militante. Escribí mucho. Para un socialista como yo, lo que hice fue cumplir rigurosamente las normas establecidas por el Estado. Entendimos que había un planteamiento científico sobre circulación comunitaria del coronavirus y mantuvimos una línea constante en la pandemia frente a lo que decía el Frente de Izquierda (FIT) que fue aperturista. Nosotros defendimos el confinamiento en marzo de 2020, que solo trabajaran los esenciales y luego nos opusimos a la presencialidad. El tema era proteger a la población y le asignamos al Estado la responsabilidad de sostenerla económicamente, lo que planteaba el problema de la deuda externa y el FMI, algo contradictorio con la pandemia.

– En 2020 hubo un optimismo de sectores progresistas o de izquierda con lo que podría surgir de la pandemia. El Gobierno utilizó como slogan “vamos a salir mejores”. ¿Qué pasó?

– Nosotros caracterizamos a la pandemia no como un problema sanitario, sino como una crisis humanitaria de un régimen social donde se viola el medio ambiente y es funcional a la aparición de virus cada vez más frecuentes. El sistema sanitario, comercial y lucrativo se siguió manejando en términos rigurosamente capitalistas durante la pandemia. La Bolsa de Nueva York explotó permitiendo ganancias fabulosas a los especuladores, y el Gobierno financió ayudas a las empresas con préstamos al Banco Central o tomado del mercado de capitales una tasa del 40% de interés, algo usurario a nivel internacional. Por eso hay 4.200.000.000.000 millones de pesos de deuda del Banco Central en las Leliq y los pases, un crecimiento fenomenal de deuda pública con los mercados locales. De manera que se ha creado una situación impresionante de cara al futuro: lo que antes eran procesos sociales de importancia ahora se han transformado en urgentes, como el hacinamiento en la vivienda o los salarios insustentables. Estamos peor que nunca, no solo Argentina; en el mundo entero. Pero en Argentina tenemos un 50% de nivel de pobreza, con una situación mucho peor de lo que registran las estadísticas. Esta hostilidad a votar, el escepticismo, se debe a que el sistema político se ha demostrado hostil a la ciudadanía. Tenemos una crisis de régimen muy aguda.

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"Esta coalición del kirchnerismo con el Frente de Todos es una salida precaria al derrumbe del macrismo. Es peor de la que salimos en 2001, y de la de Menem", sostuvo Altamira (Adrian Escandar/)

– ¿En qué se diferencia esta crisis de otras? Usted varias veces ha dicho esto en otros momentos.

– El estadio político es peor que el anterior cada vez que se sale de una crisis de régimen. Esta coalición del kirchnerismo con el Frente de Todos es una salida precaria al derrumbe del macrismo. Es peor de la que salimos en 2001, y de la de Menem. La pandemia lo puso de manifiesto de manera mucho más rotunda porque medidas muy importantes se tomaron por decreto, donde el Poder Legislativo no quiso o supo intervenir, y el Poder Judicial avaló en temas como la cuestión jubilatoria sin modificar la miseria actual. Brasil es un espejo para la Argentina, aunque sean situaciones políticamente muy diferentes, retrata un cuadro de ingobernabilidad cada vez es más evidente. Es un régimen de camarilla: el de los amigos que se vacunan primero; el de los cumpleaños mientras los demás están confinados. Es una característica de todos los regímenes democráticos, donde el pueblo cree que designa a sus representantes, pero se gobierna en círculos estrechos de amigos y relaciones económicas. Por lo tanto, se abre un período nuevo muy fuerte a nivel internacional. La prueba está en que el FMI se le asignó el derecho a emitir moneda, los Derechos Especiales de Giro (DEG), cosa que ningún Milei lo denuncia. Han autorizado la emisión de 650 mil millones de dólares en DEG para hacer frente a los problemas de la pandemia. La situación es explosiva.

– ¿Por qué es explosiva?

– Porque esa moneda no existe, es la moneda más espuria del mundo. A la Argentina le dieron unos 4.500 millones de dólares en DEG, y Argentina se la devolvió al FMI para pagar cuotas de la deuda. Es una moneda que, aplicada sistemáticamente, genera un proceso inflacionario. Brasil ya está con el 10% de inflación anual, y Estados Unidos con el 6%, cuando antes estaban en el 1% y el 2 por ciento.

– ¿La economía mundial no puede tolerar ese nivel de inflación?

– En este momento la deuda pública de los estados es superior cuatro veces al PBI mundial. El día que todo esto explote vamos a descubrir que todo esto no lo podía tolerar. Los economistas más reputados no dudan que esto es insostenible, porque el número de empresas con endeudamiento es tal que no les permite ninguna clase de inversión frente a tasas de interés que, en Estados Unidos, alcanzaron un 40 por ciento. El sistema está entrando en una parálisis que la resuelve financiando.

– Los gobiernos están inyectando mucho dinero y gasto público para revitalizar la economía…

– Es difícil que este gasto revitalice la economía. Estados Unidos tenía una deuda pública del 40% del PBI y ahora es de 120 por ciento. El estatus del dólar se va resentir en un mundo donde hay una guerra comercial muy fuerte. Por lo tanto, aplicar una dosis elefantiásica de gasto va a hacer estallar el sistema monetario. La aparición del Bitcoin es una señal que los grupos económicos se quieren refugiar en transacciones que sean independientes del manejo del dólar. Tienen la expectativa de que el dólar se devalúe y suba el Bitcoin. Antes eso ocurría con el oro y en mi opinión va a ocurrir con el Bitcoin, aunque no tenga ningún peso en la economía mundial. Indudablemente va a ocurrir un estallido muy fuerte con el dólar.

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– ¿Qué proponen desde Política Obrera frente a este contexto y esta campaña?

– Argentina tiene una crisis histórica que afecta al conjunto de las relaciones sociales. Argentina se distinguió del resto de América Latina por el avance en sus derechos sociales, y ahora está con un 50% de la población bajo la línea de pobreza. Esto es una situación intolerable, con un Estado que además está quebrado y que por el acuerdo con el FMI va a tener un mayor nivel de exigencia en términos de ajustes y de reformas sociales anti populares. Nosotros planteamos en esta campaña electoral que la solución para los salarios y esta desocupación choca con el régimen político. El salario mínimo tiene que estar igual al costo de la canasta familiar, como lo establece el 14 bis de la Constitución Nacional que asegura un salario vital que no es de pobreza. Yo suelo decir irónicamente que somos el único partido constitucional de la Argentina porque queremos que esto se respete. La desocupación es tan grave que deben tomarse medidas compulsivas, como aceptarse el personal desocupado y repartir las horas de trabajo existentes. Apuntamos a un fuerte impulso a la condición moral y material de los trabajadores, en el sentido de que se sientan empoderados y se acomode su situación económica. Para ello, el primer tema es el desconocimiento total y completo de la deuda pública argentina para los grandes acreedores. La emisión de los DEG es una vergonzosa admisión del FMI de que la deuda es impagable. Fue el Fondo que nos perdonó la deuda al darnos esos 4 mil millones de dólares. Esto es una gota de agua en un océano, pero hay un reconocimiento vergonzoso y deformado porque Estados Unidos tiene una cuota de DEG infinitamente superior, lo que hace inviable al sistema capitalista en las actuales condiciones.

– ¿Cómo se logran esas propuestas de alcanzar el nivel salarial al de la canasta básica, y el reparto de las horas de trabajo, sin todos sus efectos indeseados como la inflación?

– Esos efectos indeseados ya han ocurrido. El salario y las jubilaciones ha caído de una forma dramática en un 25% en los últimos tres años, y tenemos una inflación que raja las paredes. Los efectos indeseados son la reacción de la clase capitalista a una medida como estas, es la hostilidad del capital. Desde un punto de vista económico, la incorporación de más obreros frente a una capacidad instalada ociosa en la industria podría ser saludada. Si hay un gobierno apoyara estas medidas, enfrentaría a los capitalistas para que cesen con este tipo de hostilidad. Es un aspecto de la lucha de clases, una palabra que nadie usa en la campaña electoral porque los creadores de imagen pensarán que no le hace bien a algún candidato. Todo esto implica un choque con el régimen político. Hay que formar una asamblea constituyente libre y soberana para que ejecute estas medidas. El sistema democrático argentino ha demostrado su quiebra completa desde la última dictadura militar, ya vamos para los 40 años y todavía tenemos legislación de esa época porque no pudieron derogarla. Si soy elegido para el Congreso, trabajaré en contra de este régimen político y ese mismo Congreso, procurando desarrollar un movimiento popular en torno a reivindicaciones para ir a una democracia de otro orden. Nada de esto es demagogia, es un planteamiento estratégico. Si se está de acuerdo muy bien, y si no, se puede votar al PRO o a quien sea (sonríe).

– ¿Por qué Política Obrera no está en el Frente de Izquierda-Unidad (FIT-U)? Hubo un planteo de ustedes para integrarse en una PASO.

– ¡No, jamás! Lo rechazo, te pido por favor que esto lo coloques.

– ¿Ustedes no pidieron ingresar ahí?

– Nosotros hemos sido expulsados contra todas las normas estatutarias del Partido Obrero (PO). El Partido Obrero ejerce un poder de veto contra Política Obrera para que esté en el FIT. El conjunto de los partidos del FIT no se han pronunciado sobre esta crisis del Partido Obrero (PO) después de la expulsión, lo que contrasta con lo que nosotros hicimos cuando se rompió el Movimiento al Socialismo (MAS) en fines de los ochenta. Si uno no se deslinda de esto cuando una fuerza se reivindica como socialista e internacionalista, y se violenta la democracia interna, no explicar tu posición te hace cómplice. La democracia es fundamental en un partido de izquierda, porque le dice al pueblo cómo va a ser el gobierno de ese partido. Lo que propusimos fue hacer unas PASO de toda la izquierda, ellos la rechazaron. Nosotros queríamos que en esas PASO cada uno exponga su posición política y que la ciudadanía vote.

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– Este planteo de la PASO de “toda la izquierda”, tanto en 2015 y en 2017, no estaba tan presente…

– En 2015 lo planteé yo, lo sostuve enérgicamente en las elecciones que perdí por 20 mil votos con Nicolás del Caño. Todo el Partido Obrero defendió esas PASO. Luego no hubo PASO porque la actual conducción del PO le tiene pánico a las PASO. Piensan que van a perder como en la guerra y eso no es verdad, sino que retrata a la dirección. Nuestra campaña como Política Obrera es una ilustración de cómo se puede hacer una campaña contra el régimen y, al mismo tiempo, hacerlo con una línea diferente. Al final ellos van a unas PASO después de acordar un programa conjunto, lo que quiere decir que están peleando por cargos. Lo que nosotros proponíamos eran unas PASO en la que nadie renunciara a sus ideas, combinando claridad con unidad.

– ¿Por qué sería tan distinta la propuesta de Política Obrera a la del FIT-U?

– Las posiciones que tenemos nosotros no son las del FIT. En esta crisis histórica nosotros no podemos ir a una elección para pelear por un cargo, nosotros queremos llevar un planteamiento político. Se podría decir que ir en cuatro listas distintas en una PASO “debilita la lucha”. No es cierto, porque al final sale una lista única, lo que es un acierto fabuloso porque a la gente le cuesta reconciliar la divergencia con la unidad, y nosotros la estaríamos resolviendo. Nosotros vamos a ir finalmente a una lucha con nuestros recursos, y el FIT irá con recursos que no se de dónde salen, porque son extraordinarios… Eso es objeto de otra polémica: en qué medida un partido socialista deben aplicar sus recursos y deben desarrollar una campaña que no se distingue de la tradicional del capitalismo y de los partidos burgueses. Eso es fuerte…

– ¿En 2015 era tan distinta la campaña del Frente de Izquierda a la actual?

– ¡Absolutamente!

– La campaña de #UnMilagroporAltamira, en su momento, fue muy ‘marketinera’…

– Marketinera o no, ahí no hubo un mango. Fue un día que me llama a la mañana Jorge Rial para la radio, me hace dos preguntas banales y me pregunta: “¿Qué te parece la campaña “Un Milagro por Altamira”? Yo le respondí: ‘Mire, yo no soy creyente, pero si ustedes son, hagan lo que quieran’. Y eso fue todo. Después nosotros no hicimos una campaña en función de ese ‘milagro’. Hubiera sido una torpeza mía decirle que queríamos que haga eso. En una lucha política hay recursos que no son los tuyos y que los tenés que aceptar de otros. A un ‘creyente’ no le voy a rechazar un voto…

– Para cumplir con el programa político de Política Obrera van a necesitar aliados. ¿Cómo podrían lograr convencer a la población en general si no están pudiendo acordar con, al menos, sus antiguos aliados?

– No es un planteamiento discursivo. Ninguna asamblea constituyente surgió de una propaganda, sino, como dirían los brasileños, “na marra”; es decir en caliente, luchando en las calles. Es muy importante llegar a esa instancia con un trabajo de preparación política. Si se saca de la manga una solución improvisada en un momento de crisis culminante, sos un torpe. Las cosas no van a ocurrir como exactamente prevemos, pero vamos ajustando el tiro. Este es un régimen político que no va más: los conflictos con el Poder Judicial, la denuncia contra el Presidente y la insatisfacción popular lo demuestran. La Asamblea Constituyente es una vía de salida donde hay que ir a votar una nueva representación y circunstancia política. Lo nuestro no es bíblico, es una consigna siempre es una aproximación. La realidad siempre es más rica.

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– ¿Cuánto tiempo estuvo en el Partido Obrero?

– Un momento…¿Quién te dijo que yo no estoy en el Partido Obrero? Soy parte de una tendencia que se fundó en 1963 y que cumplirá 60 años en 2023. Nosotros nos llamamos “Política Obrera” porque no podemos tener el mismo nombre. Nos consideramos una Tendencia del PO porque el Estatuto nos da ese derecho a ejercer una tendencia. Nosotros no vamos a permitir que se falsifique la historia política de nuestro partido y se comprometa duramente su futuro como lo están comprometiendo votando leyes de especulación inmobiliaria en Boedo en la Legislatura porteña, ratificando una ley pedida por el Ministerio de Relaciones Exteriores por el pacto entre Benjamín Netanyahu y Donald Trump sobre la crítica al sionismo, o con leyes a pedido de (el gobernador de Chaco, Jorge) Capitanich para privatizar tierras públicas. Eso el PO no lo hizo nunca y empezó a ocurrir desde que fuimos expulsados.

– Le reformulo: ¿Qué le pasa, en términos personales, al principal dirigente de una organización política cuando es expulsado de ella después de 58 años?

– Me confirma en una convicción muy profunda. No hay proceso político que no sufra las consecuencias de cambios sociales y alteraciones. Un partido de izquierda, revolucionario, no es inmune a la crisis. Todo el mundo se está acomodando a los sistemas parlamentarios, nos ha afectado ciertas transformaciones, arribismo parlamentario y el reflujo parcial en las luchas. Después de 58 años, me di cuenta que tenía los recursos para seguir la pelea. En dos años, y en pandemia, logramos reconstruir una fuerte tendencia política y conseguimos la legalidad. Estamos en una etapa difícil, no tenemos los recursos, ni los medios. Además, al ser una fuerza nueva, esto no se entiende. En medio país que recorrí, siempre me preguntan por qué pienso como precandidato del Frente de Izquierda. Y tengo que aclarar que no soy precandidato del FIT, todo el mundo me ha puesto a la cabeza de una coalición que no es la mía. Probablemente, ésta es la etapa más rica de mi vida. No voy a permitir que naufraguen esos 58 años (sonríe).

– Los dirigentes de las organizaciones políticas a veces concluyen que tienen que dar un paso al costado para el recambio generacional. ¿En algún momento pensó correrse del lugar de dirigente?

– Iría contra mis principios. En primer lugar, todos en mi partido me repudiarían…

– Un sector decidió expulsarlo.

– Un sector decidió expulsarme y votar con Capitanich. Conmigo ahí eso no iba. ¿Está claro? No conozco a nadie en el campo marxista y revolucionario que haya dicho “me jubilo”. El planteo del recambio generacional es falaz y lo usa la burguesía que, frente a tipos que roban como animales, tienen que cambiar la cara con otra gente. Y es falaz porque la juventud siempre irrumpe, no es que viene un viejo y se la lleva. Si se la lleva, quiere decir que esa juventud está vieja. Siempre destaco a personajes como el “Che” Guevara y a Fidel Castro, que hicieron una revolución a los 27 y 29 años, respectivamente. Los militantes revolucionarios tienen que irrumpir y en la medida que lo hacen, se hacen cargo de numerosas tareas. Mirá, hace 40 años yo llegaba a las 7 de la mañana a la sede del Partido Obrero yme iba alrededor de las 10, seguía el trabajo político y organizativo todo el tiempo. Eso ya no lo hago así, ahora hay otros compañeros. Es más, estoy militando con mejores características porque intervengo con más espacio donde se necesita aportar reflexiones políticas novedosas. Hay una complementariedad. Nuestros compañeros, que son 1200 personas, siguen los principios de irrupción de la juventud porque atacaron duramente a un “aparato” político por sus inconductas.

– ¿Desde cuando se está presentando a elecciones?

– En el 1983 no participé y en 2007 fue candidato a presidente Néstor Pitrola. Tampoco era mi intención serlo en 2011, pero estuve ahí luego de una tremenda lucha. He hecho cosas más importantes en materia de liderazgo. En la lucha contra el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra, que yo la conduje, conseguimos la condena de José Pedraza en dos años. Eso modificó el panorama político y habilitó la posibilidad de construir el Frente de Izquierda. La propuesta para ser candidato en ese momento la hizo Izquierda Socialista, sentí la responsabilidad de estar.

– Retomo su definición suya sobre la democracia interna de los partidos que habla mucho sobre “cómo gobernarían”. ¿Qué dice esto cuando el principal liderazgo de un partido es el mismo durante décadas?

– Fantástico, habla muy bien… En primer lugar, nosotros hacíamos congresos todos los años, ninguna decisión era individual. En segundo lugar, después de mucho discutir, nosotros decidimos que los dirigentes del PO tenían que presentarse a elecciones. Los del PTS y los de Izquierda Socialista ninguno da la cara, trabajan “por detrás”. Cada cual elige lo que quiera, pero nosotros elegimos que no queríamos ser caciques de sectas, los dirigentes tenían que enfrentar a la opinión pública y a los trabajadores. Si el escrutinio público es positivo, lo seguís desarrollando porque ya es una trayectoria y lo prueba la elección actual. En esta campaña política lo que valoran los trabajadores es que yo esté al frente: porque me conocen y, ante una crisis tremenda, salgo a la calle de nuevo a dar combate para superarla.

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La boleta de Política Obrera en la provincia de Buenos Aires

– En la izquierda tradicional argentina hay, tal vez, cuatro nombres importantes de los últimos 50 años: Nahuel Moreno (MAS), Luis Zamora (Autodeterminación y Libertad), Patricio Echegaray (Partido Comunista) y usted. Después de tanto recorrido y estrategias tan variopintas, ¿por qué la izquierda nunca termina dando el salto y logra disputar la conducción del país?

– Para disputar el poder tiene que producirse una situación revolucionaria. Nosotros no nos perdimos ninguna situación revolucionaria. La gente se convence desde su experiencia, no discursivamente. Por ejemplo, una persona puede estar en contra de lo que decís o le resulta indiferente hasta que, en su experiencia, descubre que tenías razón. Nahuel Moreno nunca se presentó en ninguna elección, aunque con una trayectoria muy larga, construyó un marco teórico conocido en el mundo. Él militó en un período donde ser trotskista se contaba con los dedos de una mano. Dicho esto, no se puede compararlo con Zamora o Echegaray. Echegaray murió muy joven, su protagonismo fue mandar a la izquierda un partido que se comprometió con Videla, no le veo más que eso. Zamora sí fue un candidato electoral que tuvo atracción y que la demostró cuando se fue de todos los partidos, con dos elecciones muy significativas. Pero hablábamos del poder. Bueno, la izquierda justifica toda una serie de trapisondas cuando dice que no hay una situación revolucionaria. Un socialista es un socialista en las buenas y en las malas, con situación revolucionaria o contra-revolucionaria. No vota paquetes de leyes del enemigo aunque nos vengan degollando. Por eso resistimos dictaduras. No adaptamos nuestros principios a la coyuntura política.

– En el caso del FIT en 2013, o lo que protagonizó Luis Zamora después del 2001, la percepción es que luego de un ascenso electoral se produce rápidamente un retroceso en la izquierda.

– No, hay un cambio cualitativo. Inclusive cuando se vuelve atrás se conserva ese cambio. La campaña de 2013 fue histórica en votos, tuvimos dos dígitos en varias provincias como en Mendoza con el 14% o en Salta, donde le ganamos al peronismo. ¿Cuándo viste a la izquierda ganarle al peronismo? Son manifestaciones rotundas de una nueva etapa. Puede haber bajones, pero ha quedado inscripto en el pueblo una tendencia histórica diferente. La presencia sindical de la izquierda en el movimiento sindical argentino no tiene paragón. Antes era un coto cerrado del peronismo, ahora hay sindicatos y comisiones internas. Estamos en una etapa de avance aunque no se vea. Para que no haya un cambio cualitativo tiene que haber una tendencia en contra, por ejemplo, como la que llevó a la disolución de casi todos los partidos comunistas en el mundo.

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– ¿No ocurre que la población solo confía en la izquierda para ocupar un rol de denuncia, o bien en sindicatos o universidades, y ello no se extiende a los cargos para ejercer el poder desde el Gobierno?

– Es un relato. La población aprovecha la elección parlamentaria, donde hay una representación más proporcional, para ver la calidad de una intervención política. A la luz de esa calidad, se la juzga. Yo encuentro a muchos trabajadores atentos a lo político decir que la izquierda está integrada al sistema. La ve “electorera” y como un factor regresivo de la conciencia de los trabajadores. Eso significa que no pasó la prueba, como cuando van al Parlamento para que Matías Lammens y Marcelo Tinelli empiecen su negocio inmobiliario en Boedo. Mirá, viejo: el bajón ideológico de la izquierda es brutal. La simiente ya viene de antes y en parte esto explica la crisis en el Partido Obrero. Tenemos un rol en una lucha política en la que, vigorosamente, estoy embarcado.

FOTOS: Adrián Escandar

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