Abrazos, fotos y descontento por la crisis: una tarde con Leandro Santoro en el epicentro peronista de la Ciudad

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Leandro Santoro en Villa Lugano
Leandro Santoro en Villa Lugano

Es jueves por la tarde y llovizna en la Ciudad de Buenos Aires. El primer candidato del Frente de Todos camina en bloque con sus seguidores por el centro comercial de uno de los barrios del sur y epicentro peronista en el bastión opositor, Villa Lugano. Leandro Santoro lleva semanas de un rally diario, con visitas cada vez más frenéticas a distintas zonas donde se choca de frente con los golpes de la crisis económica que siguen recibiendo los vecinos con los que, sin embargo, se besa y se abraza.

Ya estuvo en Recoleta, en Palermo, en Caballito y en Boedo, donde vivía hasta hace poco y donde lo reciben “como a un rockstar”, según describen en su entorno. “Lo tenés que ver, no puede caminar”, aseguran. Esta vez, eligió una de las comunas afines al peronismo en el bastión que gobierna hace 14 años, de manera ininterrumpida, Juntos por el Cambio, y donde al kirchnerismo suele tener resultados pobres.

La recorrida está planeada para las 16, pero Santoro, legislador porteño, llega a las 17 a la esquina de Riestra y avenida Murgiondo. Con la agenda de campaña cargada al máximo a diez días de las PASO, los horarios no parecen preocuparlo. Maneja un estilo descontracturado, que le viene bien para el mano a mano, pero que lo hace a llegar tarde a las citas que le programan sus nerviosos asesores. Este jueves no es la excepción.

En la plazoleta que divide las dos manos de la arteria principal del centro comercial lo espera un grupo de unos veinte comuneros y militantes reunidos en torno a una sombrilla blanca que lleva estampados, en celeste, el sello de Todxs CABA y el escudo del PJ. Munidos con pilas de folletos de campaña impresos con la cara del candidato y de la segunda postulante, Gisela Marziotta (quien no participó de la recorrida), conversan sobre presentaciones proselitistas y el destino de los fondos que tienen disponibles.

Leandro Santoro en Villa Lugano
Santoro se formó como militante radical en los 90 y reivindica su relación con el ex presidente Raúl Alfonsín.

Los armadores de la campaña, presentes en todos los actos, avisan que la visita durará menos de una hora. El plan es recorrer unos ocho locales emplazados en dos cuadras a la redonda. La tarea parece fácil, pero se prolongará por las dificultades de avanzar con un grupo que fue nutrido adrede, para darle volumen a la presencia del legislador en el territorio.

Comienza lenta la caminata y los militantes, vecinos, fotógrafos y asesores que rodean al candidato dificultan su paso, pero Leandro Santoro se las ingenia para avanzar, frenar, girar, retomar sus pasos, y volver a parar, entre ingresos y egresos de los comercios elegidos. Lo acompañan y guían las armadoras partidarias de la comuna -todas son mujeres- que se ocuparon de que el rubro de cada local sea distinto. Visita una panadería, un negocio de ropa, un bazar, una confitería. Su cuerpo, aunque voluminoso, se mueve con soltura, un poco a los tumbos por las estrechas calles de la ruidosa “Estación Lugano”, en el corazón de ese barrio del sur de la Ciudad, una de las zonas más postergadas del distrito adverso al Frente de Todos.

Leandro Santoro en Villa Lugano
Santoro aseguró su candidatura gracias a una fuerte presencia mediática y su defensa de la gestión del Gobierno

Cada tanto, la masa amorfa que lo sigue se reacomoda y rápidamente forma un espacio a su alrededor para permitirle repetir, una y otra vez, el mismo ritual: una foto con uno o varios vecinos, que cierra siempre con un beso, un abrazo y un mensaje de agradecimiento o de aliento en el adverso contexto. El candidato, que se reivindica radical pero compite para ser diputado nacional en el principalmente peronista Frente de Todos, se dirige a cada uno de sus interlocutores con el distintivo insignia del PJ. Los llama “compañeros”.

“Yo no me hago el peronista, incorporo elementos del peronismo, que es distinto. Soy radical, ellos me adoptan”, dice Santoro mientras camina por la calle Riestra, con el tono de voz elevado para que sobresalga entre los bocinazos de los autos, los estruendos de los colectivos y el bullicio que provoca la comitiva que lo acompaña en la frenética recorrida donde repite la misma fórmula en cada local que visita en el rango de una hora: llega a la puerta rodeado de la batahola de los militantes, saluda, conversa, parte.

Leandro Santoro en Villa Lugano
Santoro actualmente ocupa una banca como legislador porteño

Después de unos minutos se suma Mariano Recalde, el presidente del Partido Justicialista local y uno de los dirigentes más importantes de La Cámpora, con quien mantiene una buena relación. De sobretodo negro y perfil bajo, el extitular de Aerolíneas Argentinas pasa casi desapercibido en el grupo. Santoro, figura central, lo presenta ante el puñado de seguidores que lo acompaña, con una arenga que la pequeña multitud le responde con un aplauso y algunos vitoreos.

La fuerza que representa es oficialista a nivel nacional, pero Santoro juega como opositor en el ámbito local. Dentro de la Ciudad, Lugano es un área históricamente afín al peronismo, pero también una de las más golpeadas por la crisis económica. Faltan menos de dos semanas para las PASO, los márgenes aparecen ajustados en la elección en todo el país, y en esta etapa el Frente de Todos CABA decidió “reforzar el sur” que, por su parte, el oficialismo local de Juntos por el Cambio, bajo el liderazgo de Horacio Rodríguez Larreta, se esmera en seducir con obras y más recorridas.

En otras latitudes, Santoro visitó casas y parques, pero en este barrio, sobre el que avanza por segunda vez, decidió “pasar” por locales comerciales. A juzgar por su experiencia en otros centros comunales, está seguro de que no se enfrentará a cuestionamientos directos (“Nunca nadie me puteó”, acota), pero sabe que la crisis estará presente hacia donde vaya. No se equivoca. Por doquier, empleados y dueños le hacen conocer su descontento y desesperación. Reabrieron las puertas de sus negocios hace meses, pero siguen golpeados por el extenso cierre al que los obligó el gobierno nacional el año pasado. También, por la inflación, y por los aumentos de las cuotas de los créditos. En cada visita, Santoro parece ir a buscar esa queja. Quiere “escuchar”.

Leandro Santoro en Villa Lugano

“Este local auspiciaba a Pasión de Sábado”, desliza, entusiasmado por el ambiente festivo que lo envuelve, mientras dobla en banda por la calle Delfín Gallo junto al enjambre de mujeres, hombres y niños que lo sigue. El comercio está emplazado en una esquina y del interior sale una mujer. Se saludan. Ella lo recibe de buen ánimo. “¿Cómo va esto? ¿Cómo la estás llevando?”, le pregunta. “Y, en la lucha”, le responde la comerciante. “Está difícil”, agrega, entre detalles sobre los problemas del negocio. Él retruca: “Decime una cosa, el gobierno de la Ciudad, ¿te ayudó en algo?”. Ella duda, se toma unos segundos para pensar. Responde: “Sí, el año pasado. Nos pagaron la mitad de los sueldos”. Él parece escandalizarse. Los militantes que lo acompañan, también: “Pero eso es el ATP, fue Alberto, no Larreta”, exclama. Una mujer del grupo agrega desde atrás: “Cómo se confunde la gente”.

Santoro cambia de tema. Le pregunta si la marca de ropa que vende auspiciaba efectivamente el programa de baile sabatino. Ella duda nuevamente, y le dice que cree que sí, “hace muchos años”. Conversan uno segundos, pero el tiempo de la visita se acaba. Antes de que el candidato parta, como en un impulso, ella introduce un pedido, con tono tímido. “Leandro, te quería pedir si se puede hacer algo con los créditos UVA. Que nos ayuden. Las cuotas están cada vez más altas, son difíciles de sostener”. “¿En cuánto están?”. El candidato muestra interés. “Y… hoy están como en 30 mil, ya no se puede sostener”, insiste ella. Las personas que la acompañan respaldan lo que dice y suman otras quejas sobre otros problemas de la zona, también contra las políticas del gobierno porteño. “Me comprometo a dar una mano, compañera”, finaliza él, con un beso y un abrazo. Suele usar esa fórmula ante los reclamos. A veces, también les pide a sus colaboradores que tomen los datos y los pedidos de los vecinos.

A unos cuantos metros le toca entrar a un bazar donde la recepción es menos cálida. El dueño lo recibe serio, entre sombrillas, platos y contenedores de plástico. Sus ojos negros asoman sobre el barbijo. Santoro reitera el formato: saluda, pregunta cómo está el negocio. “Lo veo complicado. Estoy hace 25 años acá”, responde el hombre, con hastío. Entonces ambos bajan el tono y acercan los cuerpos, en posición de confidencia. Apenas se escucha lo que dicen y la charla parece algo tensa. El hombre luce entre conmovido y enojado. Se refieren a afinidades políticas, se escuchan las palabras “radicalismo” y “peronismo”. “Yo te aprecio a vos, a la persona. Pero soy apolítico”, lanza el hombre, ya en tono audible, y cierra la conversación con una palmada en la espalda del candidato: “Venite cuando quieras y lo charlamos”. Santoro asiente en tono solemne.

Leandro Santoro en Villa Lugano

Se formó como militante radical en los 90 y reivindica, cada vez que puede, su relación con el expresidente Raúl Alfonsín. Cercano al kirchnerismo durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, luego se alejó, entre críticas de La Cámpora, y en los últimos años se hizo amigo de Alberto Fernández, a quien conoció por Twitter. Su relación creció desde que el ex jefe de Gabinete se transformó en Presidente. Mientras tanto, Santoro favoreció su relación con Cristina Kirchner, a quien visitó varias veces para conversar de política, y quien finalmente le dio el aval para que fuera ungido como cabeza de lista por el jefe de Estado, aunque sobre el cierre de listas.

Hoy es candidato por el Frente de Todos en la Ciudad pero cultiva un perfil independiente como radical dentro de la coalición de gobierno, una estrategia que provoca ruidos internos, pero que le conviene en medio de la crisis y la baja en la imagen del Presidente, sobre todo en un distrito donde el kirchnerismo no se impuso jamás.

Su principal activo, aseguran en el Gobierno, es su alto nivel de conocimiento. No se hizo famoso de casualidad, sino por su persistente presencia en los medios de comunicación, propios y críticos del peronismo. Cada semana acepta invitaciones de los canales de TV y programas de radio. En la campaña, más. Mientras riega sus redes con videos y mensajes escritos, se sienta ante cámaras y micrófonos de llegada masiva, como voz autorizada del Gobierno, a pesar de que es legislador y no funcionario. Defiende y retruca cuando le toca compartir estudio con referentes opositores. Después se mira en la pantalla del celular, para pulir tonos. Y aplica los aprendizajes sobre sus performances.

El resultado de este trabajo, en el que pone empeño, se ve en la calle. “Te vi en lo de Mirta, estuviste excelente”, le dice una señora que se lo cruza por Riestra. “Leandro, perdoname, ¿te puedo pedir una foto?”, interviene otra mujer, que camina con su hija. “Ayer te ví en la tele, estuviste muy bien”, agrega, después, un transeúnte. La mentada construcción de un perfil elevado le sirvió y dio sus frutos más jugosos este año.

Santoro sabe que no tiene posibilidades de ganar. Conservador, apuesta como mínimo a un 23 por ciento. Pero cuando habla con sus íntimos, se muestra más optimista y calcula un 25. En el fondo, sueña con un 30, o más. El antecedente de la última elección, donde el entonces candidato a jefe de gobierno Matías Lammens obtuvo un 35 por ciento con la lista que encabezaban Alberto Fernández y Cristina Kirchner para el Ejecutivo le da ilusión a su espacio. No lo dice, pero si hace una buena elección se posicionará para competir por el sillón principal de Parque Patricios en 2023. En ese escenario, es posible que protagonice una interna con el actual ministro de Turismo de Alberto Fernández, que aún tiene la meta de gobernar la Ciudad.

En tierras porteñas al kirchnerismo suele irle mal, y hoy la imagen del Presidente, sacudida por el manejo de la pandemia, los salarios bajos y los escándalos empeoran el panorama. Pero este año algo cambió a favor de la oposición local. El estado del oficialismo favorece a la oposición, al menos en las PASO. Juntos por el Cambio está fragmentado en tres listas -las de María Eugenia Vidal, Adolfo Rubistein y Ricardo López Murphy-, mientras las fuerzas de derecha se fortalecen en la Ciudad y se augura una fuga de votantes cambiemitas hacia ese extremo. En cambio, el peronismo pactó una lista de unidad, que lleva a Santoro en el tope.

Los transeúntes muestran enojo con la situación del país y con “los políticos” en general. Pero nadie parece responsabilizar a Santoro. Al contrario, festejan su visita y no mencionan a los líderes del gobierno nacional actual o anterior. Él tampoco hace referencias a los jefes del Frente de Todos, que están prácticamente ausentes en los diálogos con los vecinos. No se habla del presidente Alberto Fernández, o de la vice, Cristina Kirchner y ni del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Tampoco de Mauricio Macri, ni de María Eugenia Vidal. “Él es humilde, no es como los otros. No va a cambiar”, le dice una señora a otro vecino, aferrada a su changuito de compras.

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