Las curiosidades de la lujosa casa de El Cheto

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Hace un año y en plena pandemia, aparecía en escena un nuevo personaje en el cuarteto. Se llama Maximiliano Caliva y se hace llamar El Cheto. Es un empresario de la construcción que nació en Córdoba pero divide su tiempo entre esta ciudad y Buenos Aires por su trabajo. 

Este viernes, regresa a los escenarios en La Morocha, después del parate por las últimas restricciones y ya tiene su banda a punto, lista para cuartetear, o mejor dicho, para «chetear» como dicen sus seguidores. 

En la previa, el cantante le abrió las puertas de su casa y mostró la lujosa mansión en la que vive. Una puerta imponente, espacios altísimos, un patio enorme, dos piletas a todo lujo, una externa y una climatizada, un quincho para hacer asados con todos los chiches y hasta un boliche privado con luces audiorítmicas. 

Todo eso para él y sus pequeños hijos, un varón y una nena de 6 y 2 años. Dice que Máximo lo acompaña en los ensayos y le gusta compartir ese momento junto a su pasión, la música. Rufina todavía es chiquita, pero también baila al ritmo de las canciones de su papá. 

«Soy una persona a la que le ha ido bien, el título de millonario es relativo«, dice, mientras explica que inició su experiencia laboral con un Plan Primer Paso a los 16 años y construyó su imperio vendiendo casas de contrucción en seco a los 19, después de la muerte de su papá.

«Yo prefiero quedarme con las cosas buenas y no con las malas, yo en el cuarteto he sentido mucho afecto y me quedo con eso. Cuando salimos había muchas críticas, y en gran parte tenían razón, criticaban el canto, porque la banda sonaba una barbaridad y la realidad es que yo no estaba preparado, ahora recién me estoy acomodando», asegura cuando le consultan sobre cómo cayó su entrada en el mundo cuartetero.

Maxi va tomando mates mientras recorre los distintos espacios de la casa. En medio de semejante inmensidad y lujo, llama la atención del movilero una cosa: «Lo menos cheto que tenés es el termo, no tenés el termo cheto verde que usan todos», le dice Fredy. 

«Na, este es más práctico, el más barato, pero fijate la practicidad, larga el agua de diez, la mantiene caliente y lo pagué 600 pesos», explica. «Y sí, es lo que tiene que hacer un termo», dice con simpleza. 

(Fuente: Cuarteteando)