Cuando bailar cuarteto se convirtió en un delito en Córdoba

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La segunda ola de coronavirus ya está entre nosotros y en el Gobierno analizan las medidas que se van a tomar ante el avance en los contagios: restringir o no restringir, esa es la cuestión.

En palabras de las autoridades sanitarias, el problema no parece estar ni en el regreso de las clases ni en los ámbitos laborales: los mayores brotes de coronavirus se dan en los encuentros sociales

Y esto incluye tanto a las reuniones familiares y entre amigos en casas y bares, como a las múltiples fiestas clandestinas que se realizan cada noche en toda la provincia.

Dentro del ambiente cuartetero, el fantasma de la restricción ronda desde hace dos semanas. Entre pasillos, circula el rumor de que en mayo se volvería hacia atrás y, en una industria que estuvo nueve meses totalmente paralizada y cuatro más trabajando a media máquina, el temor a un cierre total es extremo.

“Trabajen todo lo que puedan en abril porque en mayo cierra todo”, es la supuesta orden que vendría desde arriba, que se repite noche a noche entre quienes trabajan en el cuarteto.

Tras la reunión del lunes pasado del Intendente con las distintas cámaras que nuclean el entretenimiento cordobés, este fin de semana, se endurecieron los controles.

Se clausuraron una veintena de bares y locales para shows, entre ellos algunos relacionados al cuarteto, donde tocaban bandas del circuito.

El protocolo en los nuevos «bailes»

Algunos más y otros menos, en general, los shows comienzan cumpliendo con las medidas sanitarias: se toma la temperatura, se limitan las capacidades, la gente está sentada y no se permite levantarse a buscar bebidas a la barra.

Pasado mitad del show, en algunos lugares “se descontrola”. “La gente no puede más, quiere bailar”, es lo que dicen los productores, quienes luchan con el público a punta de láser y retos de los encargados de la seguridad para que no se paren a bailar.

Los más estrictos comienzan a echar a “los desubicados” y así amedrentan al resto, que lo piensa dos veces antes de moverse de la silla. En estos lugares, el protocolo se respeta hasta el final y el show termina en orden.

En otros lugares, la seguridad comienza a ceder y, sobre los últimos temas, el público se para y baila alrededor de la mesa. Los retan, se sientan, se vuelven a parar, y así hasta que alguno de los dos “bandos” se canse.

Hay que decirlo todo: no en todos los lugares se cumple a rajatabla el distanciamiento, pero, en general, se predisponen para hacerlo.

Allá si, acá no

El fin de semana, se realizó en el Hipódromo de Palermo en Buenos Aires una multitudinaria fiesta al aire libre en formato de burbujas sociales. Los asistentes podían ir en grupos de hasta 6 personas y bailar todo lo que quisieran, siempre y cuando respetaran el perímetro del corralito dispuesto para cada grupo.

Como es un evento que está de moda entre los jóvenes, allí estaban todos los influencers del momento: Tini Stoessel, Wos, Lizardo Ponce, Flor Vigna, Nicki Nicole, Duki, Stefi Roitman y hasta el hijo de Ricardo Montaner, por nombrar solo a algunos. Todos hicieron su cobertura en sus cuentas de Instagram, que cuentan con millones de seguidores. Es decir, millones de jóvenes de todo el país (incluídos los cordobeses) vieron en sus celulares cómo sus ídolos bailaban cuerpo a cuerpo entre amigos, dentro de un cerco perimetral.

Nada distinto a lo que pasa acá en Córdoba cuando un grupo de seis personas se para en la última canción a bailar alrededor de la mesa, solo que allá es legal, y acá está prohibido, todo dentro del mismo país.

Un dato importante de ambas realidades: en Córdoba, según datos oficiales del Ministerio de Salud del domingo, la ocupación de camas de terapia intensiva (UTI) es de 19%, mientras que en el AMBA (donde se desarrolló la fiesta en cuestión) es de 61,5%. Pero allá es legal bailar en grupos de a 6 personas y acá no.

¿Qué pasaría si estuvieran habilitadas en Córdoba las burbujas sociales al aire libre? Quizás bailar dejaría de estar demonizado y sería más fácil controlar que el público no se mezcle.

Mientras tanto, acá los que viven de la noche no pueden dormir pensando en si el mes que viene van a poder seguir pagando el alquiler o las cuentas de la casa. Porque cuando se habla del cuarteto, en el imaginario popular se cree que son un grupo de empresarios poderosos que se llenaron los bolsillos durante años y ahora se quejan por unos meses.

Y si bien esta afirmación tiene parte de cierto, esta es en realidad una verdad a medias: cada banda es en sí misma una pyme independiente, que vive al día y si no trabaja un fin de semana, no cobra.

En el corto plazo, parece difícil sostenerse ante la amenaza de un nuevo parate, cuando todavía no se recuperaron de lo que pasó en el último año.

¿Por qué no se habilitaron las burbujas sociales en Córdoba?

Este parece ser el tema clave detrás de las clausuras en los locales cuarteteros: en su mayoría se dieron porque había gente parada o bailando.

En diciembre del año pasado, se hizo una experiencia piloto en Río Cuarto de baile con burbujas sociales con la Banda XXI.  Entre los cuarteteros, que tienen trato directo con las autoridades municipales y provinciales, se esperaba que luego se replicara en el resto del territorio cordobés, pero la experiencia no dejó conforme a COE y el cuarteto recibió otro baldazo de agua fría a las esperanzas de volver a trabajar con shows con público acotado.

Tres meses después, volvió a circular la versión de que, finalmente, se iban a habilitar las burbujas. «Por suerte ya falta poco para las burbujas», te decían fuera de cámara los artistas hace tan solo un mes. La promesa, según contaban, era que después de Semana Santa se permitiría este formato.

Pero los casos volvieron a aumentar y la ilusión se fue diluyendo. En vez de flexibilizar, ahora la idea está puesta en restringir a quienes intentan encausar el entretenimiento dentro de las vías legales.

Y mientras se espera que se tome una decisión, decenas de fiestas ilegales siguen haciendo su negocio de lunes a lunes: cobran entrada, no tienen límite horario ni de capacidad y permiten bailar sin siquiera un intento de distanciamiento o control de temperatura. Y lo seguirán haciendo, aunque lleguen las aclamadas restricciones.

Fuente: Cuarteteando