Perfil de Vilma Ibarra: feminista a los 4 años, el día que golpeó a un exhibicionista, por qué no es peronista y su relación con el poder

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Vilma Ibarra

Esta es una historia de política y de mujeres, y de una mujer política que es abogada, militante feminista y madre de tres hijos. Fue diputada, senadora, autora de la Ley de Matrimonio Igualitario, sancionada en el 2010, y de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, y hoy es la secretaria legal y técnica del presidente de la Nación Argentina; editora y guardiana de todo lo que firma Alberto Fernández, su nombre es Vilma Lidia Ibarra.

Hablamos tres veces por Zoom, y en la primera charla, ella está en su oficina de la Casa Rosada. Ibarra es de piel trigueña, con ojos verdes, claros, lleva una remera blanca y cuenta que casi no compra ropa, que tiene prendas de hace muchos años, pero que las restaura y las tiene impecables: limpias, planchadas, cuidadas.

Su papá Aníbal Ibarra era un dirigente de centroizquierda socialista democrático nacido en Paraguay y que tuvo que exiliarse en Argentina por la guerra civil de 1947, por oponerse al Gobierno de facto de Higinio Morínigo. Juan Domingo Perón, en ese entonces presidente de Argentina, apoyó con armas al dictador Morínigo y era amigo de Stroessner, quien había encarcelado al padre de Vilma.

En cambio, su mamá, Lidia, nacida en Argentina, era sentimentalmente peronista porque el peronismo le había dado todo a su familia humilde. Y desde el día en que se cruzaron por primera vez en un aljibe de un hotel sindical en Córdoba, Lidia y Aníbal sintieron amor de verdad y se casaron, y de la confluencia de una mujer que llevaba en el corazón a Evita con un hombre que había sido dirigente de la izquierda democrática, nació Vilma una noche de mayo de 1960 en Lomas de Zamora.

—A mí no me gusta definirme por “anti”. Esa gente que uno define como antiperonista o gorila es gente que tiene repulsión a un movimiento popular que ha sido parte de la historia argentina y que, con sus luces y sus sombras, le dio los mayores derechos al sector popular argentino. Yo no pertenezco al movimiento peronista porque el peronismo es una identidad, y yo no fui formada así. Fui más formada por esta mirada de mi papá, más socialista, más vinculado a las izquierdas democráticas. La conjunción entre peronismo e izquierdas democráticas en mi familia hicieron que yo fuera lo que soy —explica Vilma.

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De izquierda a derecha: Sus hermanos Aníbal y Rolando, su mamá Lidia, su hermano menor Rubén, Vilma y su papá Aníbal, en Córdoba (Gentileza familia Ibarra)

Vivió con su familia en Quilmes hasta los cuatro años, cuando se mudaron a Bahía Blanca, donde tuvo lugar su primer acto de rebeldía, de locura y de libertad.

—Yo jugaba a la pelota con mis hermanos en el jardín de la casa donde vivíamos en Bahía Blanca. El Día del Niño de 1965, a mis hermanos les regalaron un equipo de fútbol y una pelota a cada uno, mientras que a mí me regalaron una muñeca, y yo me puse a llorar terriblemente. El llanto fue tan bestial que mi papá fue a tocarle el timbre al que vendía los artículos deportivos para que me dieran una camiseta porque lloraba desconsolada. Hoy lo pienso, y no fue tanto por el fútbol, sino por sentir el trato desigual: que a mí se me reservaban otras cosas por ser mujer.

Después de vivir dos años en Bahía Blanca, cuando Vilma tenía 5, se mudaron a la ciudad de Buenos Aires, a un departamento en Barrio Norte —Pueyrredón y Las Heras— donde vivió hasta los 22, edad en que se fue a vivir sola. Aníbal Ibarra, uno de los tres hermanos de Vilma y ex jefe de Gobierno porteño, dice que podían ser a veces más de izquierda o a veces más peronistas, pero nunca gorilas: “Jamás, porque eso era atentar contra Freud, contra mi madre peronista”.

Su familia era tradicional y de estructura machista. Su padre, Aníbal, después de exiliarse de Paraguay, trabajó como empleado bancario en Argentina y era el encargado de sustentar económicamente a la familia; y su madre, Lidia, era la que limpiaba la casa, cocinaba y cuidaba a Vilma y a sus tres hermanos: Rolando, Aníbal y Rubén.

—Mi mamá venía de una familia muy humilde de españoles inmigrantes, y el sueño de su vida era ser médica, pero solo pudo hacer hasta sexto grado porque, a pesar de ser una mujer inteligentísima, le tocó cuidar a sus dos hermanas más chicas, dado que mi abuela era empleada doméstica. Cuando una se da cuenta de esa desigualdad es cuando una se vuelve feminista. Cuando en mi casa no estaba mi mamá ni tampoco la empleada doméstica, la encargada de hacer las tareas de limpieza era yo, y se me explicaba que se debía a que era mujer. Y no solo en la casa. En mis trabajos se me ha dicho: “En este juzgado no tomamos mujeres”. Y fue muy duro para mí. También me exigían: “Yo quiero que usted venga vestida de mujer, se pone tacos, pollera y se pinta”.

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Vilma junto a sus tres hermanos en Bahía Blanca: Rolando (el mayor), Aníbal y Rubén de bebé (Gentileza familia Ibarra)

Una tarde de 1987, a sus veintipico, volvía en tren de trabajar en el Juzgado Federal de Morón cuando tuvo una escena con un exhibicionista que se masturbaba en público frente a ella.

—Me levanté, lo sacudí y le pegué. Pude reaccionar y defenderme; pero no siempre las mujeres podemos defendernos. Por eso es muy importante que el Estado esté ahí para garantizar que las mujeres no tengan que tolerar cualquier cosa. Por lo general, se espera que la mujer sea dócil, que tolere lo que no quiere tolerar, y hubo algún momento de mi vida en que aprendí que no hay que tolerar ciertas cosas. Destratos no tolero de nadie. Pierdo lo que tengo que perder, pero no permito que me griten.

Vilma Ibarra
"Por lo general, se espera que la mujer sea dócil, que tolere lo que no quiere tolerar, y hubo algún momento de mi vida en que aprendí que no hay que tolerar ciertas cosas. Destratos no tolero de nadie. Pierdo lo que tengo que perder, pero no permito que me griten" (Lihueel Althabe) (Lihue Althabe/)

Vilma mantiene una relación cordial con la persona que fue en el pasado, con la Vilma de 13 años que ingresa en el Nacional Buenos Aires en 1973, decide inmediatamente militar en la Federación Juvenil Comunista (La Fede), y en segundo año, es elegida como delegada de su división. Luego de la muerte de Perón en 1974, cuando aumenta la represión estatal y paraestatal, y se consolida la ofensiva contra la izquierda universitaria, el ministro de Educación, Oscar Ivanissevich, y el rector interventor de la Universidad de Buenos Aires, Alberto Ottalagano, deciden expulsarla a ella y a veinticuatro compañeros.

—Nos movilizamos contra la intervención universitaria de Ivanissevich y de Ottalagano, que pertenecían a un sector nacionalista de derecha muy duro. Yo encabecé la jornada de protesta en el Nacional Buenos Aires, y el 8 de noviembre, al otro día, nos mandaron telegramas a todos y todas. Éramos veinticuatro los que fuimos expulsados. Mi papá con otros abogados hicieron el juicio de acción de amparo para que nos reincorporaran y lo ganaron, así que nos reincorporaron al año siguiente, a principios de 1975.

LAS AMIGAS

Para Vilma Ibarra, sus hermanos y sus amigas son una parte central de la vida, y la escritora Claudia Piñeiro es una de ellas. Se conocieron en el 2005, cuando Luisa, una amiga en común, tuvo un accidente automovilístico y estuvo dos meses en terapia intensiva. Durante esos dos meses, Vilma y Claudia se encontraron todos los días en el sanatorio por Luisa, y le hablaban, le acariciaban los pies, las manos, le cantaban y se miraban mutuamente para preguntarse si una de ellas había notado alguna reacción. Luisa no se pudo recuperar y murió, y después Vilma y Claudia cultivaron una amistad.

La escritora lo cuenta así:

—En algún momento de la vida, nos encontramos con que las dos éramos madres de tres hijos y recientemente separadas, y estar separadas y con tres hijos a los cuarenta y pico es toda una cuestión. Se te plantean preguntas sobre cómo manejar tu casa o cómo volver a tener una relación, y siento que en ese momento de mi vida me sentí muy comprendida por Vilma.

—Yo con mis hijos tengo una relación hermosa. Hemos peleado también muchísimo, pero en mi casa se habla, cada uno plantea lo que tiene que plantear. Estoy profundamente orgullosa de ellos, los tres son buenas personas con valores muy solidarios; hacen las cosas que tienen que hacer y aman sus proyectos de vida. Y con mis sobrinos y sobrinas tengo muy buen vínculo; tengo unas sobrinas maravillosas, todas feministas, genias —dice Vilma.

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Vilma Ibarra y Claudia Piñeiro, grandes amigas: "En algún momento de la vida, nos encontramos con que las dos éramos madres de tres hijos y recientemente separadas, y eso a los cuarenta y pico es toda una cuestión. Se te plantean preguntas sobre cómo manejar tu casa o cómo volver a tener una relación, y siento que en ese momento de mi vida me sentí muy comprendida por Vilma"

Su madre estuvo muchos años enferma de un cáncer de mamas que tuvo metástasis y que, en un momento, pareció que se le había ido, pero que volvió con mucha fuerza y terminó por afectarle el hígado, lo que provocó su muerte en 1993. Su padre padeció un párkinson muy avanzado que le provocó demencia senil, y murió en el 2019 a los 94 años. En la dedicatoria de su libro, Vilma escribe: “A mi madre, dondequiera que ella esté. Y a mi padre, que aunque tenga este libro en sus manos, ya no podrá leerlo. Ellos dos me enseñaron todas las cosas verdaderamente importantes”.

Vilma Ibarra cuenta que sintió la desaparición de su prima Sara Elba Grande como la pérdida de una persona hermosa e irrepetible. “Sarilín” tenía 18 años cuando fue secuestrada en su domicilio de Lomas de Zamora en 1976 por un grupo de tareas en presencia de sus padres y de sus hermanos menores. Sus tíos hicieron lo imposible por encontrarla y saben que hasta 1977 estuvo viva en centros clandestinos de detención en Ezeiza. Con ella se veía en reuniones familiares, y la describe como una persona singularmente alegre y positiva. A veces, cuando Vilma está sola en su casa, pone la canción “Libre”, de Nino Bravo, y la evoca porque sabe, gracias a un sobreviviente que declaró ante la CONADEP, que Sara la escuchaba cuando estaba detenida desaparecida.

Hace pocos días, la hermana menor de su prima “Sarilín” desaparecida le escribió un mensaje por WhatsApp que decía: “Tu nombre está en todos los medios suecos por la legalización del aborto”.

—Todo vuelve —dice Vilma.

LA LEGALIZACION DEL ABORTO

Ana Correa, abogada y comunicadora feminista, publicó el libro Somos Belén en diciembre del 2019 para que el mundo supiera que en la Argentina hay presas por aborto. La historia es la de Belén, una chica tucumana que pasó veintinueve meses detenida tras ir con dolores abdominales al hospital Avellaneda de Tucumán.

—Hoy tengo la presentación de un libro, Alberto – le dijo Vilma al flamante presidente.

—¿De qué libro?

—De Belén.

—Ah, sí, me invitaron. ¿Da para ir? —le preguntó Fernández.

—Sería un gran gesto al movimiento de las mujeres —le contestó Vilma Ibarra.

El Presidente, después de leerlo, decidió ir.

—Ese día fue muy importante en materia de definición del tema —recuerda Vilma Ibarra con claridad.

Alberto Fernández en la presentación de "Somos Belén", de Ana Correa
Alberto Fernández en la presentación de "Somos Belén", de Ana Correa (Franco Fafasuli/)

Ana Correa completa:

—Alberto Fernández no sabía que Belén iba a estar presente durante la presentación del libro en la Facultad de Derecho de la UBA, porque ella no da a conocer su identidad. Cuando Belén terminó su presentación (porque decidió hablar), todo el mundo le pedía a Alberto que hablara porque había ganado la elección general para la presidencia hacía pocos días. Y cuando terminó de hablar, le dije: “Me acaban de mandar un mensajito para decirme que Belén quiere hablar con vos un rato”, y él accedió.

Se juntaron detrás del escenario.

—Yo te pido perdón por lo que vos pasaste. ¿En qué te puedo ayudar?

—Para mí es muy importante que nadie vuelva a pasar por esto. Es importante que se legalice el aborto —le contestó Belen y le dio un abrazo.

Un año después, en la madrugada del miércoles 30 de diciembre de 2020, la vicepresidente de la Nación y presidenta del Senado, Cristina Fernández de Kirchner anunció:

—Resulta aprobado con 38 votos afirmativos, 29 negativos y una abstención. Resulta aprobado, se convierte en ley y se gira al Poder Ejecutivo.

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Vilma Ibarra siguió el debate sobre Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Diputados y Diputadas de la Nación junto a la ministra Elizabeth Gómez Alcorta y el ministro de Salud, Ginés González García

En las calles, miles de mujeres con sus pañuelos verdes parecían unidas por un sentido común de importancia histórica y por esa sensación de que es posible ir demasiado lejos, y de que lo estaban haciendo. Y desde el palco del Senado, Vilma Ibarra lloró y abrazó a Máximo Kirchner: un abrazo fuerte y largo, de esos que duran.

—En tu libro contás que, para convencer a Cristina Kirchner sobre la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, la función de Máximo Kirchner fue importante. ¿Qué papel desempeñó Máximo para la aprobación de la ley del aborto en la Cámara de Diputados?

—En este proyecto, todos cumplimos una función importante. Máximo, sin duda, ayudó mucho en el Congreso en la Cámara de Diputados. Anabel Fernández Sagasti está cumpliendo una función fundamental. Sergio Massa, y muchísimas compañeras y compañeros. En aquel momento, según me dijeron, Máximo había tenido una actitud muy relevante a favor del proyecto de matrimonio igualitario, y su opinión había sido importante para que el Poder Ejecutivo apoyara la sanción. En este caso, el Poder Ejecutivo impulsa la sanción directamente. Igual, siempre se necesitan protagonistas importantes en las Cámaras para impulsar los proyectos, por eso en este caso, destaco el trabajo de Cecilia Moreau y de los demás nombrados de nuestro lado, porque después, del lado de la oposición, hicieron un trabajo importantísimo Luis Naidenoff, Guada Tagliaferri del PRO, Brenda Austin, Silvia Lospennato, que es gente muy valiosa. Es una pelea muy transversal —dijo Vilma Ibarra una semana antes de que se aprobara el proyecto en el Senado.

SU HERMANO ANÍBAL Y LA TRAGEDIA DE CROMAÑÓN

El público triplicaba la capacidad máxima permitida, una puerta de emergencia estaba cerrada con cadenas, y el lugar tenía habilitación gracias a inspectores sobornados: Cromañón fue ese cóctel explosivo que provocó la tragedia más grande de la historia argentina con 194 muertos y más de 1400 heridos.

Los días posteriores de depresión, de hecatombe y de mares tempestuosos, Vilma Ibarra defendió férreamente al entonces jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, su hermano, durante el juicio político que buscaba removerlo de su cargo.

—¿Por qué decidiste defender a Aníbal durante todo el proceso de Cromañón?

—Porque me pareció que era lo justo. Fue la misma administración de Justicia la que ni siquiera consideró pertinente convocarlo como testigo. Me pareció que hubo una maniobra política allí e hice lo que había que hacer.

"Vilma me defendió como dirigente política más que como hermana, y en la defensa ella le agregó a la convicción política un compromiso personal como hermana" (AP)
"Vilma me defendió como dirigente política más que como hermana, y en la defensa ella le agregó a la convicción política un compromiso personal como hermana" (AP)

Aníbal Ibarra se convirtió el 7 de marzo del 2006 en el primer jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires en ser destituido, quien recuerda:

—Vilma es brillante debatiendo. Muy racional. Sabe. No me gustaría tenerla enfrente para debatir, y ella, conociendo todo eso, percibió desde el primer momento que todo era una operación política, basada en una tragedia que, por supuesto, no fue un invento. Hay operaciones políticas que se inventan en un cien por ciento; esto tenía una base tremenda impactante y aprovechada por el macrismo para quedarse con un Gobierno a tal punto que llevaron adelante el juicio político, y yo no estaba, no fui ni siquiera citado a la causa judicial. Vilma me defendió como dirigente política más que como hermana, y en la defensa ella le agregó a la convicción política un compromiso personal como hermana. Nunca especuló sobre si convenía o no convenía hacerlo. Ella estaba convencida como dirigente política de lo que había ocurrido, de lo que pasaba, y entonces, sintió la necesidad de salir. No lo hubiera hecho si no hubiera estado convencida.

EL MATRIMONIO IGUALITARIO Y LA FURIA DE NÉSTOR Y CRISTINA

En 1994, Vilma Ibarra participó de la reforma de la Constitución en la Convención Constituyente de Santa Fe como asesora parlamentaria del bloque Frente Grande encabezado por Chacho Álvarez. Y fue secretaria parlamentaria del FREPASO de 1996 a 1999.

En el 2000, fue elegida legisladora porteña y, durante la crisis del 2001, ante una Alianza quebrada y sin futuro político, decidió alejarse del delarruismo en las elecciones legislativas de octubre e integró el binomio de senadores junto a Rodolfo Terragno, férreo opositor a las políticas del entonces ministro de economía, Domingo Cavallo. Asumió como senadora nacional por la ciudad el 10 de diciembre del 2001 y cumplió íntegramente su mandato hasta el 2007, cuando aceptó integrar un lugar en la lista de diputados nacionales del Frente para la Victoria.

"Cristina está enojadísima, Vilma. Me preguntó si yo sabía que ibas a presentar el proyecto de Matrimonio Igualitario, y le dije la verdad: que yo no sabía nada. Pero no hay forma de que me crea. Néstor y Cristina creen que se los oculté en complicidad con vos, y no puedo convencerlos de lo contrario", le dijo Alberto Fernández
"Cristina está enojadísima, Vilma. Me preguntó si yo sabía que ibas a presentar el proyecto de Matrimonio Igualitario, y le dije la verdad: que yo no sabía nada. Pero no hay forma de que me crea. Néstor y Cristina creen que se los oculté en complicidad con vos, y no puedo convencerlos de lo contrario", le dijo Alberto Fernández

En medio de la campaña presidencial del 2007, Vilma Ibarra, cuando todavía era senadora nacional, decidió presentar el proyecto de ley de matrimonio igualitario.

—Cristina está enojadísima, Vilma. Me preguntó si yo sabía que ibas a presentar el proyecto, y le dije la verdad: que yo no sabía nada. Pero no hay forma de que me crea. Pertenecés a una lista de candidatos del Gobierno, ¿no creés que deberías haberlo consultado, por lo menos? Néstor y Cristina creen que se los oculté en complicidad con vos, y no puedo convencerlos de lo contrario. Hay mucho enojo con vos y también conmigo —le dijo Alberto Fernández, quien era pareja de Vilma desde el 2004.

Vilma guardaba independencia de criterio en sus iniciativas y sus votos como senadora nacional, sin integrarse al bloque oficialista, y eso generaba tensiones con Alberto Fernández, como persona de máxima confianza de Néstor y de Cristina. En diciembre del 2007, asumió como diputada nacional y volvió a presentar el proyecto, y festejó que, el 15 de julio del 2010, el Congreso de la Nación aprobara la Ley de Matrimonio Igualitario. Argentina fue el primer país en América Latina que sancionó esa normativa a nivel nacional y se colocó en la vidriera del mundo en materia de ampliación de derechos civiles.

El día que se reglamentó la ley, Cristina Kirchner lanzó:

—¿No sé si estará por acá Vilma Ibarra? Si está por ahí, la saludamos, y a todos los hombres y mujeres de mi espacio político que contribuyeron también a esta construcción, porque en realidad no hemos promulgado una ley, hemos promulgado una construcción social, que es transversal, es diversa y no le pertenece a nadie, sino a la sociedad.

EL GRITO DE KIRCHNER: “¡BASTA DE VILMA IBARRA!”

En enero del 2007, el gobierno de Néstor Kirchner intervino el INDEC mediante el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, con el propósito de evitar que los indicadores de precios reflejaran la inflación creciente. Vilma Ibarra asegura que muchos de los que formaban parte de las listas de legisladores del FPV del año 2007 confiaban en que el gobierno de Cristina Kirchner normalizaría el Instituto. Pero no sucedió. Por eso, cuando Sergio Massa, como jefe de Gabinete, concurrió en el 2008 a la Cámara de Diputados para informar sobre la marcha de las políticas de gobierno, Vilma Ibarra le dijo lo siguiente:

—El propio Estado Nacional, a través del dictado de una resolución, había decidido prescindir de los índices del INDEC para redeterminar los precios de la obra pública, lo que evidenciaba la inconsistencia de esos índices. Le pido que los funcionarios del INDEC concurran al Congreso, a una reunión con las Comisiones especializadas para analizar la metodología de trabajo y le pido su compromiso al respecto como jefe de Gabinete.

—Le reitero la invitación para que visitemos en conjunto el INDEC, diputada —le contestó Massa, visiblemente molesto.

Néstor Kirchner y Guillermo Moreno: "¡Basta de Vilma Ibarra! Después de la apretada que le hizo a Sergio con el tema del INDEC, se terminó para nosotros", dijo el entonces Presidente (NA)
Néstor Kirchner y Guillermo Moreno: "¡Basta de Vilma Ibarra! Después de la apretada que le hizo a Sergio con el tema del INDEC, se terminó para nosotros", dijo el entonces Presidente (NA)

—¡Basta de Vilma Ibarra! Después de la apretada que le hizo a Sergio con el tema del INDEC, se terminó para nosotros —les dijo Néstor Kirchner a dirigentes oficialistas en un evento.

En el 2011, cuando terminó su mandato como diputada nacional, se alejó del kirchnerismo, y empezó a trabajar para la corporación América (Aeropuertos Argentina 2000). Mientras estuvo en la actividad privada, asesoró en la Cámara de Diputados a Margarita Stolbizer, líder del partido Gen. En el 2015, Vilma encabezó la lista como candidata al Parlasur y acompañó la candidatura de Stolbizer.

—Tengo el mejor concepto de Vilma en todo sentido. Tiene una gran preparación técnica, jurídica, ella trabajó mucho en el Congreso como autora de proyectos muy buenos. Es una persona de una ética enorme. Sumamente seria. Y es una persona de diálogo; cuando estuvo en la Cámara de Diputados (2007-2011), sacó leyes muy buenas por su capacidad de diálogo. Para mí fue un orgullo que acompañara mi candidatura en un momento donde todos me daban la espalda —cuenta Stolbizer.

TRABAJAR CON CFK DESPUÉS DE LAS CRÍTICAS

Cristina Fernández de Kirchner, vicepresidenta, y Vilma Ibarra, secretaria legal y técnica de la Nación, son pájaros de diferente plumaje, y esta también es su historia.

—¿Así que vos sos la hermana de Aníbal? —le dijo Cristina Fernández la primera vez que se vieron cara a cara, en el año 2001, en una reunión que organizó Alberto Fernández para analizar alternativas políticas para las candidaturas de la ciudad de Buenos Aires.

Vilma dice que le provocó una pequeña molestia, pero no dijo nada y se limitó a afirmar moviendo la cabeza.

—En tu libro Cristina versus Cristina enumerás varias críticas a la actual vicepresidenta. ¿Mantenés esas críticas? ¿Cómo es hoy tu relación con ella?

—En general, no me cruzo con Cristina porque trabajo en la Casa Rosada, y ella va poco. Cristina tiene un diálogo directo con el Presidente. Ella es parte de la coalición de gobierno que me ha convocado para trabajar, así que somos una coalición a cargo de un Gobierno, y yo soy secretaria legal y técnica de un Gobierno de coalición, de modo que soy muy consciente de la función que me corresponde en ese sentido. Esto es así desde el primer día.

Argentine Vice-President and President of the Senate, Cristina Fernandez de Kirchner looks on as senators debate an abortion bill in Buenos Aires, Argentina, December 29, 2020. REUTERS/Matias Baglietto
Argentine Vice-President and President of the Senate, Cristina Fernandez de Kirchner looks on as senators debate an abortion bill in Buenos Aires, Argentina, December 29, 2020. REUTERS/Matias Baglietto (MATIAS BAGLIETTO/)

Margarita Stolbizer reflexiona:

—Es raro que hayan tenido tiempo para tratar antes la reforma de la Justicia que la legalización del aborto. Además esta reforma no le va a mejorar la vida a nadie. Porque la Justicia tiene que ser reformada, el Poder Judicial tiene que ser reformado, pero tiene que ser reformado para mejorarle la vida a alguien. Hay que reformarlo pensarlo en la gente, no si le mejorás la vida a Cristina. Lo que me preocupa de ese tipo de reformas, justamente, es que no es una reforma que le facilite la vida al ciudadano común que tiene que estar años tramitando una indemnización por despido. La verdad es que no va a cambiar esas cosas.

—En toda la campaña electoral se habló mucho del tema de la Justicia, el Presidente lo dijo muchas veces. Tenemos una Justicia pendular, sobre todo la Justicia federal, con muy baja credibilidad ante la ciudadanía y que generalmente es muy conciliadora con los sectores del poder económico político y muy insidiosa con los sectores que están en la oposición. Entonces, creemos que debemos tener una Justicia decente. Una Justicia que cumpla con la ley y no una Justicia pendular que se acomode a quien está en el poder. Lo hemos dicho hasta el cansancio, lo han dicho el Presidente, la vicepresidenta y la ministra de Justicia; y fueron temas incorporados en la campaña electoral. Con eso se planteó la reforma, la necesidad de un proceso de reforma judicial. No hay nada nuevo en todo ello —contesta Vilma Ibarra.

"Vilma es una persona de una ética enorme. Para mí fue un orgullo que acompañara mi candidatura en un momento donde todos me daban la espalda", dice Margarita Stolbizer
"Vilma es una persona de una ética enorme. Para mí fue un orgullo que acompañara mi candidatura en un momento donde todos me daban la espalda", dice Margarita Stolbizer

—¿Qué reflexiones tenés sobre la carta donde Cristina critica a la Corte Suprema?

—Es una carta donde Cristina da su opinión, y creo que la ha dado muchas veces. Es Cristina con sus opiniones y siempre lo ha hecho, no hay nada novedoso. Cristina dice lo que piensa y lo dice con vehemencia, y sigue siendo quien siempre fue. En ese sentido creo que no hay ninguna sorpresa.

“ALERGIA AL ENRIQUECIMIENTO”

Su hermano Aníbal destaca cierto sentimiento antilucro de Vilma Ibarra, algo así como una alergia al enriquecimiento.

—A mi hermana le podés ofrecer cinco millones de dólares para convencerlo a Alberto Fernández de que firme algo y no solo no lo va a agarrar, sino que te va a denunciar.

—La libertad es lo más maravilloso que tenemos, entonces, la libertad es el “no”, no es el “sí”. Es el límite, es lo que uno no está dispuesto a hacer. En la vida, hay algo que es muy importante, que es no ir a cualquier lado de cualquier manera. Las cosas hay que hacerlas como uno cree que hay que hacerlas y, si no, no hay que hacerlas, y si hay que perder, hay que perder. Nadie nos dijo que vamos a ganar siempre en la vida. Yo he perdido más de lo que he ganado y he perdido cosas que me importaban, no es un problema perder. El problema es perder la identidad, y decir sí cuando uno tiene que decir que no. El problema es hacer cosas que uno no debe hacer. No me importa ningún número en la vida, no me importa el número de lo que sea en ninguna circunstancia. Tengo la libertad de elegir dónde estoy y dónde no estoy, yo no voy a hacer nada que no me parezca hacer nunca en ninguna circunstancia —explica Vilma.

La jura de Vilma Ibarra como secretaria legal y técnica del gobierno de Alberto Fernández: "Yo lo respeto y lo aprecio mucho" (Gustavo Gavotti)
La jura de Vilma Ibarra como secretaria legal y técnica del gobierno de Alberto Fernández: "Yo lo respeto y lo aprecio mucho" (Gustavo Gavotti) (Gustavo Gavotti/)

—Es una de las mejores comunicadoras del Gobierno —dice Claudia Piñeiro.

—¿Qué la hace una buena comunicadora?

—Habla muy bien. Hay funcionarios que no hablan bien, pero ella sí. Es muy medida, certera y no explota fácilmente; dice lo que hay que decir, no habla de más. Además, tiene un valor que tiene poca gente: no se pone como protagonista nunca. Hay mucha gente a la que oís hablar y sentís que, en el fondo, de alguna manera, se está poniendo en protagonista de una situación. Ella se corre siempre del centro, y eso le da un valor superlativo.

Vilma dice que trabaja como mínimo once horas por día y que está acostumbrada a trabajar en equipo: “Creo en los equipos de trabajo, creo que es la mejor inteligencia cuando pensamos todos de una manera diversa. Trabajo con un equipo que conozco desde la Legislatura porteña en el 2000. Es gente que volví a convocar porque creo que son los más formados para la tarea de confección de leyes, de normas del Estado.

—¿Quiénes son las dos personas de mayor confianza en tu equipo?

—Son las dos personas con las que trabajo continuamente mano a mano, y las destaco siempre porque con su pluma definieron la mayor parte de los textos de la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que son Jessica Kopyto, subsecretaria de Asuntos Legales, y mi jefa de la Unidad de Ministros, Florencia Felman. Y después, por supuesto, el subsecretario técnico, que también tiene una experiencia enorme y maneja todos los procesos de despacho y de decretos, que es Emiliano Suaya.

LA RELACION CON ALBERTO FERNANDEZ HOY

Alberto Fernández siempre amó el rock. Una banda emblemática en The Doors, y su música insiste en que el amor es el sexo y en que ahí está la salvación, y Alberto Fernández sintió el amor de Vilma durante los nueve años en que fueron pareja, cuando de fondo quizás desde la radio se escuchaba Light My Fire: “Venga, nena, vamos a dar una vuelta por la orilla del océano, vamos a acercarnos mucho, vamos a juntarnos mucho, nena, vamos a ahogarnos esta noche, vamos a hundirnos y hundirnos”.

Con el tiempo, el fuego se apagó, y se despidieron y se dijeron a los ojos “ya no te quiero” con la misma certeza y miedo que cuando se decían “te quiero”.

—¿Cómo hicieron con Alberto para terminar la relación en buenos términos?

—La gente se tiene que comprender y no juzgar, y yo a Alberto lo aprecio mucho y lo respeto. Que una relación afectiva de pareja termine no implica que uno no pueda guardar respeto y un buen trato con la otra persona. No creo que terminar una relación de pareja implique una guerra. Es simplemente eso: cuando las cosas terminan, tratar de que terminen del mejor modo. Estuvimos juntos mucho tiempo, y terminó; ahora soy la secretaria legal y técnica de su presidencia.

Vilma Ibarra
Su película preferida es Lo que el viento se llevó por la frase que le dice Rhett Butler a Scarlett O’Hara: “La reputación es algo que la gente con coraje no necesita”. (Lihue Althabe/)

Vilma toma vino tinto, dice que no acude a fiestas por compromiso o para figurar porque no está sometida a encajar en las nociones que tienen los demás de ella. No cree que agradar a los demás sea un rasgo atractivo, y una de sus virtudes políticas es que sabe hasta dónde involucrarse emocionalmente en una discusión política porque no quiere perder el control de la situación. Es una diplomática de las emociones: sabe enfriar el ambiente. Y su película preferida es Lo que el viento se llevó por la frase que le dice Rhett Butler a Scarlett O’Hara: “La reputación es algo que la gente con coraje no necesita”.

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