Walter Salinas: “Estaba por debutar en primera y elegí cantar”

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El cuartetero tucumano llega a Carlos Paz con el desafío de conquistar Córdoba. Su amistad con Carlos Tévez, su pasado como futbolista y cómo es hacer tunga tunga desde el norte del país.

Su carrera comenzó hace más de 17 años en la cumbia, tocando la batería en una banda de Tucumán. Pero uno de sus músicos en un ensayo lo animó a cantar una canción de Walter Olmos y a partir de ahí no se alejó más del micrófono ni del tunga tunga. 

Walter Salinas no es cordobés, pero eso no es para él un impedimento para cantar cuarteto: «A Tucumán lo veo como un anexo de Córdoba, de las provincias más cuarteteras junto con Catamarca», dice, y ese hecho se lo atribuye no a un fenómeno reciente, sino a grandes artistas como Gary o Sebastián : «El legado quedó y fueron las puertas que nos abrieron a nosotros para poder mostrarnos, acá los cuarteteros vienen y explotan», explica, en diálogo con Cuarteteando.

Este fin de semana tiene un gran desafío en su objetivo por conquistar esta provincia: además de un show en Alta Gracia, hará tres funciones en formato teatro en el Melos de Carlos Paz. A pesar del éxito que tiene en el norte, dice que «no se la cree» y todavía siente vergüenza cuando alguien en la calle le pide una foto. Se define como «un chango sencillo», aunque tiene contacto todos los días con jugadores de fútbol de Europa y Carlos Tévez lo invitó a su casa a comer un asado.

«Estaba bajonazo porque se me había suspendido Tornado en Buenos Aires y Bell Ville por la pandemia. Me estaba por volver a Tucumán y me llama mi representante para decirme que me quede que Carlitos me había invitado. Pensé que era una joda que me estaba haciendo porque sabe que me gusta el fútbol», relató. 

Y de esa experiencia rescata la humildad y el ejemplo del ídolo para los más jóvenes: «Es una persona muy sencilla y está muy bien que todos los chicos humildes conozcamos su historia de vida porque es un golpe muy grande para que tomen el buen camino y buenas desiciones y salvarse de lo que están expuestos en la calle». 

Pero ser amigo de futbolistas no es su único vínculo con el deporte. Cuando era adolescente, Walter tuvo que tomar una decisión importante en su vida. Tenía 17 años y jugaba al fútbol en San Martín. Estaba por debutar en primera y había sacado un disco como solista, cuando su entrenador se enteró que cantaba: «Me dijeron, hermano, podés hacer muchas cosas a la vez, pero cantar y jugar al fútbol no, son el agua y el aceite».

Y al momento de elegir, no lo dudó: «El fútbolista tiene que dormir, descansar, no puede tomar alcohol ni se puede desvelar, no tiene que andar con mujeres, y ahí dije no, olvidate, canto por el sandwich y la coca pero dejame todo lo demás», se ríe, y asegura que nunca se arrepintió. 

Fuente: Cuarteteando